Número 86

Número 86

EDITORIAL

Nuevo punto de partida.

Como en los casos de Brasil y Chile –analizados en el número anterior-, para Argentina, Perú y Paraguay también resulta válido el que la lucha de masas, en las calles, frente a la represión, será determinante en futuros resultados electorales.

En cualquiera de esos cinco países quedó demostrado que sin transformaciones socio-económicas que conlleven cambios estructurales, no puede existir un verdadero gobierno progresista y que una mejoría tímida en la redistribución de las riquezas sólo es permitida por la derecha cuando transitoriamente conviene a sus intereses, que en casos contrapuestos pudieran ser el aumento de sus ganancias –momentos de crisis económica, a través de un mayor consumo de la población- o peligros en la manutención del poder.

Resulta imposible eludir que la lógica del capitalismo es la ganancia y que tras en retorno a la estabilidad del sistema, esa misma derecha que aceptó el reformismo –para aumentar ganancias y/o mantener el poder- se presenta como una ultraderecha, totalmente desenmascarada, aplica las recetas neoliberales y si fuese necesario reprime sin compasión.

Así sucedió en Brasil tras el reformismo del PT;  en Chile, con posterioridad al derrocamiento de la Unidad Popular y la instauración del fascismo neoliberal de Augusto Pinochet, el sistema capitalista ha alternado el gobierno entre neoliberalismo y reformismo –con la miopía o el consentimiento de sectores de izquierda- valiéndose de la engañosa democracia representativa que dibuja al reformismo como izquierda.

Argentina, con una izquierda totalmente dividida y, peor aún, difuminada, no logró aprovechar el amplio y explosivo movimiento popular que puso fin al período neoliberal iniciado por Menem, a principios de la década de los noventa del pasado siglo, y continuado por de la Rúa y Duhalde, en 2002; por carencia de unidad, de líderes ideológicamente revolucionarios y por todo ello de un programa mínimo, se vio frustrado un proceso que bien pudo haberse transformado de rebelión a Revolución.

Más allá de las buenas intenciones de los esposos Kirchner – Fernández, a los que considero honestos reformistas, con tintes nacionalistas y progresistas, la fortísima oligarquía argentina indirectamente se valió de ellos para “demostrar” la validez del camino electoral como forma de dirimir las contradicciones y poco espacio dejó para que, en lo interno, introdujeran mínimos avances en cuanto a escasos derechos sociales, que hoy se ponen en entredicho.

El poder económico de esa oligarquía, que controla al poder judicial y es dueña de una dictatorial  maquinaria mediática, supo aprovechar muy bien la nefasta herencia ideológica del peronismo –carente de ideología, pues bajo ese paraguas se han cobijado desde marxistas hasta fascistas-  para imposibilitar transformaciones sociales y  con una eficaz (duele decirlo) campaña mediática, basada en la necesidad del “cambio”, reinstaló  en la Casa Rosada un gobierno representante y parte del crudo neoliberalismo que fue derrocado en 2002.

Los pueblo que olvidan su historia no tienen derecho al futuro y una parte del pueblo argentino ha olvidado –gracias a la dictadura mediática, inoculadora del fin de la lucha de clases y del consumismo como ideología- las épocas de las dictaduras militares, con sus decenas de miles de muertes, y del neoliberalismo de fines del pasado siglo, que dejó en la miseria a más del cincuenta por ciento de la población.

Ya los llamados ajustes económicos del gobierno del presidente Mauricio Macri han provocado diversas protestas, que incluyen huelgas generales;  la represión se deja sentir e incluso reaparecen los asesinatos de tipo político. Corresponde al pueblo argentino recuperar la memoria que la dictadura mediática se empeña en hacer olvidar y construir la unidad dentro de los luchadores.

En el caso peruano, el reformismo murió al nacer. Su parricida fue el exmandatario Ollanta Humala que dibujándose como simpatizante y seguidor de las ideas de Hugo Chávez, explotando además su imagen, por haber sido un militar que en 2000 se sublevó contra el gobierno dictatorial de Alberto Fujimori, se candidató sin éxito, en 2006, a la jefatura del Estado. Cinco años después, en las elecciones de  2011, ya con un disfraz en nada radical, pero gracias a la imagen progresista sembrada en la memoria popular, logró escalar a la presidencia.

Hijo del conocido marxista peruano Isaac Humala y con un hermano nombrado Antauro, también militar participante en la sublevación del año 2000, tan pronto ascendió a la presidencia, Ollanta mantuvo y profundizó el modelo neoliberal, lo que llevó a su padre y hermano a catalogarlo públicamente como traidor.

Así, en los comicios de 2016 nada quedaba del caudal político que logró arrastrar Humala, pues según las encuestas más de 77 por ciento de los votantes lo rechazaban. En esa fecha, Keiko Fujimori, la hija del exdictador, y el empresario Pedro Pablo Kuczynski, ambos ultraderechistas neoliberales, se disputaron el sillón presidencial, no sin antes vencer mediante el miedo alentado por los medios de comunicación a la candidata del Frente Amplio (autoproclamada como progresista) Verónica Mendoza, quien prometía reformas en el modelo económico y que alcanzó el 18,64 por ciento de los votos.

Por cierto, la prueba fehaciente de la falta de principios éticos de ambos contendientes ultraderechistas la escenificaron el pasado diciembre, cuando el que por fin se hizo de la primera magistratura, Pedro Pablo Kuczynski, otorgó un indulto humanitario al exdictador Alberto Fujimori (1990-2000), condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad, tres días después de que evitara ser destituido por el Congreso, acusado de corrupción, gracias a los votos de Kenji Fujimori (hijo del exdictador) y otros nueve congresistas fujimoristas.

Como es lógico tanto Kuczynski como los hermanos fujimoris aseguran que entre ellos no hubo ningún acuerdo. Alberto Fujimori cumplía condena por dos matanzas efectuadas por un grupo militar encubierto que respondía a sus órdenes; sin embargo, nunca fue condenado por el mayor genocidio cometido con su aprobación, la esterilización de  331.600 mujeres y la aplicación de la vasectomía a 25.590 hombres, entre 1995 y el 2000,  lo que demuestra el profundo racismo de las élites dominantes, que contaron con el apoyo financiero imperialista, a través de la Agencia de Cooperación Internacional, estadounidense, e incluso del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

Ese salvaje plan de control demográfico aplicado para disminuir la población en estado de pobreza y que en 1996, increíblemente, fue felicitado por la Organización Mundial de la Salud, convirtió en víctimas en su mayoría a mujeres menores de 25 años, indígenas, analfabetas, quechua hablantes, que bajo el incentivo de recibir alimentos o bajo la presión o la amenaza fueron esterilizadas, prácticamente en forma forzosa, sin ser informadas de las consecuencias y riesgos.

Paraguay resultó otro de los escenarios donde el reformismo nunca se inició; en este caso, el  pacifismo del exobispo Fernando Lugo, líder del Frente Guasu, devenido a Presidente como producto de un fuerte movimiento popular que le abrió las puertas al triunfo electoral, no le permitió movilizar a las masas, sobre todo campesinas, que ansiaban mucho más que la simple implementación de reformas reivindicativas, que por demás sólo quedaron en pura fraseología. En ese país  el 80 por ciento de la tierra se encuentra en manos de un 2 por ciento de propietarios.

La matanza de Curuguaty, donde perdieron la vida seis policías y once campesinos, ocupantes de una finca que querían fuera expropiada con fines de reforma agraria, sirvió como pretexto para el golpe de estado parlamentario que destituyo a Fernando Lugo; esos sucesos, acaecidos en 2012, en los que parece estar la mano de los terratenientes agroexportadores, facilitaron fuese sustituido por Federico Franco, del Partido Liberal y que un año después llegara a la presidencia, mediante un oscuro proceso eleccionario, el multimillonario, del partido Colorado, Horacio Cartes, que en 1989 guardó prisión durante cinco meses acusado de evasión de divisas y al que algunos han vinculado al negocio de la droga, por haber aparecido cargamentos de estupefacientes en sus propiedades.

El próximo 22 de abril, en Paraguay, se disputarán la presidencia a Mario Abdo Benítez (hijo del ex secretario del dictador Alfredo Stroessner), por el oficialista Partido Colorado, y Efraín Alegre, por una alianza constituida entre el Partido Liberal y el Frente Guasu. Vale preguntarse qué hace el Frente Guasu en alianza con el partido tradicional, Liberal, que formó parte de la conjura para abortar el proceso progresista.

Ojalá me equivoque, pero con esa alianza el Frente Guasu lo más que podrá lograr es desalojar de la presidencia a los continuadores del dictador Stroessner y decirle adiós a uno de sus seguidores, Horacio Cartes, reconocido por lo “profundo” de su pensamiento, que ha quedado plasmado en expresiones como estas: “Paraguay tiene que ser esa mujer linda, tiene que ser un país fácil”; si tuviera un hijo homosexual “me pegaría un tiro en las bolas”; o aquella invitación a los empresarios brasileños para que “usen y abusen” de su país.

No tengo dudas de que se encuentran en un nuevo punto de partida los verdaderos revolucionarios de países suramericanos como Brasil, Chile, Argentina, Perú y Paraguay –en un futuro tal vez no lejano, Uruguay- que ya vivieron procesos que hasta en algunos casos se autoproclamaron de izquierda o de una inexistente centro-izquierda y que por traición, cobardía o incapacidad para movilizar a las masas, no pasaron de  reformistas;  muchos de los actores de esos procesos han quedado inhabilitados moralmente para continuar la lucha, otros, por conveniencia,  la derecha misma los ha inhabilitado y algunos, los más honestos, pueden aún reiniciar, desde ese punto de partida, la marcha hacia la meta.

Ahora bien, la marcha por ese nuevo camino no se puede emprender con blandengues, titubeantes, oportunistas, confusos o desilusionados. Se precisan fuerzas políticas que tengan una clara definición antioligárquica y antiimperialista. Esa fuerza ha de combatir en difíciles condiciones contra un enemigo ultraderechista neoliberal envalentonado por haber derrotado, en algunos casos, a los reformistas y en otros por haber prescindido de ellos. No obstante, en este principio de siglo, los pueblos han ganado experiencia en la lucha de masas, que despojada de la adormecedora pseudoizquierda resultaría invencible.

Cada pueblo, cada país, tiene sus especificidades y está claro que no existen los caminos únicos; no obstante, en común, para todos los latinoamericanos debe quedar claro que sólo desde verdaderas posiciones de izquierda puede disputársele el poder a oligarcas e imperialistas; que el reformismo, junto a su inseparable  desmovilizadora tercera vía, no es más que un instrumento de la derecha para mantener el poder; y que en la movilización social, con la concientización que ella genera, se encuentra la base para el inicio de la toma del poder que no culmina, más bien comienza, con la llegada al gobierno tras una victoria electoral o el derrocamiento de un régimen oligárquico.

Eddy E. Jiménez

 

TITULARES

-Tillerson, la militarización y el petróleo. Por Carlos Fazio

-La orden de combate fue dada: La guerra de Santos contra Venezuela. Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

-Sabotaje a la democracia en Venezuela. Por Atilio Borón

Tillerson, una gira fracasada. Por Ángel Guerra

-Declaración de la red de intelectuales y artistas en defensa de la humanidad sobre el referendo del Ecuador.

-Estados Unidos crea una nueva Fuerza de Tarea en Internet para subversión en Cuba. Por Sergio Alejandro Gómez

-Filantropía o subversión, ¿cuáles son los planes de Estados Unidos para Cuba en internet? Por  Sergio Alejandro Gómez

 

 

Tillerson, la militarización y el petróleoPor Carlos Fazio

 

El modelo Tillerson de relaciones hemisféricas encarna la tradicional diplomacia de guerra de Washington, acentuada ahora debido a la crisis estructural y de legitimidad del sistema capitalista mundial.

En el contexto de una disputa geopolítica con competidores capitalistas extracontinentales (China, Rusia, Unión Europea) que desafían la hegemonía del imperio en su tradicional zona de influencia, la reciente gira del secretario de Estado, Rex Tillerson, por México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica tuvo una clara proyección expansionista con base en dos ejes principales: seguridad y energía.

Como integrante de la clase capitalista trasnacional, Tillerson, ex director ejecutivo de la corporación petrolera privada estadunidense Exxon-Mobil, cuarta compañía del ramo a escala mundial detrás de las estatales Aramco (Arabia Saudita), NIOC (Irán) y CNPC (China), esgrimió un enfoque mercantilista primitivo (Jorge Eduardo Navarrete dixit), tan anacrónico como la Doctrina Monroe en la que basó su discurso en la Universidad de Texas, en Austin, un día antes de su arribo a México.

El modelo Tillerson de relaciones hemisféricas encarna la tradicional diplomacia de guerra de Washington, acentuada ahora debido a la crisis estructural y de legitimidad del sistema capitalista mundial, caracterizada por William I. Robinson como la fusión del poder político reaccionario en el Estado, fuerzas ultraderechistas, autoritarias y neofascistas en la sociedad civil, y el capital corporativo trasnacional. Una triangulación de intereses que, en perspectiva, bajo la administración Trump, va configurando un Estado policiaco global de corte neofascista.

En ese contexto, las fracciones del gran capital más propensas a un fascismo del siglo XXI se sitúan en el sector financiero especulativo, el complejo militar-industrial-securitario-mediático y en las industrias extractivistas, entrelazadas con el capital de alta tecnología/digital.

Dada la magnitud de la crisis del capitalismo, su alcance global, el deterioro social y el grado de degradación ecológica que genera, para contener las protestas y/o rebeliones reales o potenciales, la plutocracia dominante viene impulsando diversos sistemas de control social de masas, represión y guerra (abiertas o clandestinas), que son utilizados, además, como herramientas para obtener ganancias y seguir acumulando capital frente al estancamiento. Lo que Robinson llama acumulación militarizada o por represión.

Tal categorización alude al talón de Aquiles del capitalismo: la sobreacumulación. La creciente brecha entre lo que se produce y lo que el mercado puede absorber. Si los capitalistas no pueden vender sus productos, no obtienen ganancias. Dada la enorme concentración de la riqueza –con sus correlativos niveles de polarización social y desigualdad global sin precedente−, la clase capitalista trasnacional necesita encontrar salidas productivas rentables para descargar enormes cantidades de excedentes acumulados.

De allí que los complejos energéticos y extractivistas recurran a la intensificación y profundización del neoliberalismo vía la privatización de la infraestructura carretera, portuaria, aeroportuaria, ferrocarrilera, de oleoductos, gasoductos y electricidad (verbigracia, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad en el caso mexicano); la superexplotación laboral y precarización del trabajo (subcontratación, tercerización), y políticas de desregulación total y mayor subsidio al capital trasnacional.

Dichas políticas de relocalización de capitales, reindustrialización y acumulación por desposesión o despojo de territorios y materias primas en economías dependientes, se ha venido dando en México, Centro y Sudamérica por conducto de golpes suaves, la imposición de facto de un estado de excepción permanente y el establecimiento de estados policiacos, cuyo soporte son la militarización de la sociedad civil y distintas modalidades de guerras tácticas sin fin, camufladas como lucha antidrogas o contra enemigos internos −los mapuches bajo el (des)gobierno de Mauricio Macri−, con armamentos avanzados impulsados por la inteligencia artificial, incluidos sofisticados sistemas de monitoreo, rastreo, seguridad y vigilancia.

En ese contexto cabe resaltar que en su discurso en la Universidad de Texas, Tillerson colocó la energía, en particular los hidrocarburos (petróleo, gas, aceites no convencionales), como punto nodal de la renovada estrategia hemisférica de la administración Trump. Puso como modelo la fuerza energética de América del Norte; la apertura (privatización) de los mercados de energía en México, y el papel de Estados Unidos como proveedor de gas natural para nuevas generadoras de electricidad en la región.

De hecho, México −que desde 2007 con la Iniciativa Mérida encabeza la lista de ayuda encubierta de inteligencia militar del Pentágono y la CIA, después de Afganistán− va camino a ser reconvertido en una plataforma de exportación de petróleo, gas natural y gasolinas producidas en la Cuenca de Permian y Luisiana, hacia el mercado asiático (Japón, China, India, Corea del Sur, Taiwán), vía los puertos de Manzanillo y el eje Coatzacoalcos/Salina Cruz, en el Istmo de Tehuantepec, que aprovechando la infraestructura instalada de Pemex, dará a las corporaciones de energía ventajas por menor tiempo y bajo costo de transporte, que si lo hicieran mediante el Canal de Panamá.

Dado que los hidrocarburos son un componente central de la estrategia neocolonial militarizada y de seguridad energética de Donald Trump y las corporaciones del sector −en clave de restauración conservadora y de defensa de su hegemonía−, Petróleos de Venezuela (PDVSA, quinta empresa petrolera mundial) fue otro objetivo central de la gira de Tillerson. De allí que instruyera a los gobiernos colaboracionistas cipayos de Enrique Peña Nieto, Mauricio Macri, Pedro Kuczynski y Juan Manuel Santos, las nuevas modalidades que deberán desempeñar de cara a la intensificación del cerco militar, económico y financiero contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, incluido un eventual embargo petrolero como nuevo precipitador de una crisis humanitaria que justifique una intervención militar multilateral.

Fuente: La Jornada

 

La orden de combate fue dada: La guerra de Santos contra Venezuela

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

 

Desde Colombia, (no se sabe si Santos o el mismo Tillerson), ordenaron a la oposición venezolana que no firmara el acuerdo al que había llegado con el gobierno en Santo Domingo.

Los medios de comunicación internacional divulgaron con mucha estridencia que el viaje del Secretario de Estado Rex Tillerson a América Latina y el Caribe, fue diseñado para poner de acuerdo a la región en contra de Venezuela y poner presión a Caracas a través del incremento de las sanciones económicas, aunque también Tillerson se proponía pulsar el sentir de los gobernantes de la región para logar un apoyo a Estados Unidos y Colombia en su afán de producir una agresión militar contra Venezuela.

Por eso, visitó a algunos de sus más cercanos aliados, sobre todo aquellos que han sido particularmente agresivos contra Venezuela.  La estadía en Jamaica, un cercano cófrade de Estados Unidos en el Caribe, perseguía el objetivo de atraer a los pequeños países de la Cuenca, que hasta ahora han resistido con firmeza y decisión, amenazas de todo tipo provenientes de Estados Unidos para que cesen su apoyo a Venezuela. Si en lo político, Jamaica era el país menos importante en la gira de Tillerson, en términos diplomáticos, fue el propósito más preciado del viaje del Secretario de Estado.

Sin embargo, en los hechos (así lo hizo saber el propio Tillerson antes de comenzar su periplo), el objetivo de su largo desplazamiento a la región era contrarrestar la creciente presencia de Rusia y China en América Latina y el Caribe, que se ha manifestado a través de una nutrida y progresiva agenda de cooperación. No es casual que la gira de Tillerson se produzca casi inmediatamente después de la realización del II Foro ministerial China-CELAC en Santiago de Chile con la presencia del canciller Wang Yi.

En este marco, el objetivo táctico de la visita fue Venezuela. En esa lógica, y como manifestación de su desprecio por los países caribeños, México significaba la posibilidad de saber cuánto petróleo podía aportar para “comprar” a los gobernantes de esas naciones insulares, a fin de “liberarlos de la obligación” de seguir recibiendo petróleo venezolano y poder seguir intentando la vía diplomática de cara a la VII Cumbre de las Américas a realizarse en Lima, en abril próximo.

El mismo designio perseguía su pasada por Perú, país en el que su presidente en alianza con el partido del ex dictador Fujimori, servirán de anfitriones a dicha reunión, en que una vez más se buscará expulsar a Venezuela del sistema panamericano. Argentina, fue objeto de inspección por Tillerson, a fin de asegurar que asumiera la responsabilidad de conducción política de la agresión, ante la inminente (esta si es inminente) salida de Bachelet y Heraldo, quienes jugaban ese rol hasta ahora, ante la convicción estadounidense de que Piñera, su canciller Ampuero y el gabinete pinochetista que tomará las riendas de Chile, no tienen capacidad para liderar la arremetida contra Venezuela.

Así como Jamaica era la escala más importante en términos diplomáticos de la gira de Tillerson, en términos operativos, Colombia fue la parada más transcendental a fin de ultimar detalles para la agresión. A las pruebas me remito.

Si aceptamos la conocida máxima de Von Clausewitz de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios” a la que Lenin le agregara “…por medios violentos”, tendríamos que afirmar que como se dice en términos militares: “la orden de combate fue dada”. Desde Colombia, (no se sabe si Santos o el mismo Tillerson), ordenaron a la oposición venezolana que no firmara el acuerdo al que había llegado con el gobierno en Santo Domingo, teniendo como testigos al presidente dominicano Danilo Medina y al ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero. Vistas así las cosas, tendríamos que aceptar que cuando Santos, Macri y otros adláteres vociferan que no reconocerán los resultados de las elecciones venezolanas, le están diciendo a la oposición que aunque ellos ganaran, no serán reconocidos, porque el único camino que aceptarán es el de la guerra. De ahí, la orden de no firmar el acuerdo.

La preparación de la guerra ya comenzó. En el Catatumbo, región del Departamento del Norte de Santander, fronterizo con Venezuela, específicamente en las poblaciones de Tibú y el Tarra, los grupos armados ilegales han tomado el control de la seguridad, sin que el ejército, la policía o las instituciones del Estado hagan nada por evitarlo, como lo han denunciado las propias víctimas de estas bandas armadas. Estos grupos terroristas han aprovechado la desaparición del Frente 33 de las FARC que operaba en esa zona, para realizar sus acciones con total impunidad. Por su parte, en Villa del Rosario, en el mismo departamento, el grupo armado “Los Pelusos” y las autodenominadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) combaten en la búsqueda de tomar el control de seis barrios (Galán, La Palmita, Pueblito Español, Montevideo, Primero de Mayo y San José) de esta ciudad de 90 mil habitantes, en donde se han desplegado para preparar la invasión a Venezuela a ojos vista del ejército y las autoridades del Estado colombiano.

En la propia Cúcuta,  en ocho de las diez comunas que conforman el casco urbano de la ciudad existe presencia de bandas armadas. Así mismo, los paramilitares tienen áreas bajo control en Los Patios, Villa del Rosario, San Cayetano, La Parada, Juan Frío, la Uchema, Palo Gordo y Ragonvalia y Puerto Santander, bajo el mando de “Cochas” alias de Luis Jesús Escamilla Melo, jefe del Ejército Paramilitar del Norte de Santander (EPN). También en la ciudad fronteriza operan Los Rastrojos. En Venezuela ya tiene representación en Llano Jorge y San Antonio del Táchira. A pesar de los ingentes llamados de la ciudadanía al gobierno nacional, a los gobiernos regionales y municipales, las autoridades sospechosamente se hacen “de la vista gorda” ante tan evidente afectación a la ciudadanía y amenaza contra Venezuela.

Junto a ello, se han observado movilizaciones en las bases militares estadounidenses en Colombia y la llegada de un contingente de 415 miembros de la fuerza aérea de Estados Unidos a Panamá, que arribaron de manera ilegal al país, aún antes de que ese gobierno autorizara su presencia en el país como denunciara el analista político panameño Marco A. Gandásegui h.; así mismo, se debe considerar como parte de estos preparativos, fueron realizadas las maniobras navales Tradewinds 2017 en junio del año pasado en Barbados a menos de 1.100 km. del litoral venezolano y los ejercicios militares AmazonLog17 en la Amazonía brasileña con participación de tropas de ese país, además de Colombia y Perú, en noviembre del año pasado, a tan solo 700 km. de la frontera con Venezuela.

La más elemental teoría muestra que independientemente de las características de una agresión militar extranjera, el éxito depende de la existencia de un frente interno. Así fue en Afganistán, Irak y Libia. En Yemen no lo tenían y debieron contratar mercenarios que hicieran la guerra, casualmente el mayor reclutamiento se produjo en Chile (de ex miembros de las fuerzas represivas de Pinochet) y de Colombia (de integrantes de la multitud de grupos paramilitares que pululan en ese país). El problema es que en Venezuela, Estados Unidos no ha podido construir ese frente interno necesario. Nadie se imagina a Henry Ramos Allup, Julio Borges o Henrique Capriles comandando tropas desde la clandestinidad o desde alguna montaña del territorio nacional. Por eso, auparon a Óscar Pérez quien debió jugar ese papel, que la incapacidad de los líderes de la oposición no pudo asumir. Quienes no fueron capaces de dirigir la movilización contra el gobierno, ni conducir un parlamento democrático, tampoco llevar la insurrección en las calles a la victoria, mucho menos atraer a un sector de la fuerza armada para sus oscuros designios, difícilmente podrá regir los destinos de un contingente bélico.

Esa es la responsabilidad que el canciller imperial le ha dado a Santos, a la oligarquía colombiana y a su gobierno. Antes, en tiempos de Obama, le ordenaron hacer la paz con las FARC para desmovilizar a la única fuerza militar junto al ELN que podían haber contrarrestado las acciones armadas del ejército paramilitar protegido por Uribe y Santos.

Sin embargo, el show había comenzado antes de la llegada de Tillerson a Bogotá: ya en noviembre del año pasado Lorenzo Mendoza estuvo en esa ciudad, un mes después la ex fiscal Luisa Ortega, su marido, un tal Ferrer, la “dirigente sindical” Marcela Máspero y los “magistrados” embarcados por Ramos Allup y Borges, que hormiguean por el mundo buscando qué hacer y cómo sobrevivir, se reunieron también en Bogotá antes de fin de año para intentar dar soporte jurídico a la invasión. Un mes más tarde conocidos personajes de la oposición venezolana viajaron a Bogotá y en la localidad de Usaquén se reunieron con grupos de venezolanos radicales que se concentran en ese lugar, con apoyo de las autoridades colombianas. Así mismo, el ministro de Hacienda de Colombia Mauricio Cárdenas dijo en Davos, Suiza, –una vez más- que la caída de Maduro era inminente y habló de la necesidad de un plan económico para enfrentar la situación. Este es el mismo ministro, del mismo gobierno que no ha hecho nada para solucionar el problema de los 8 millones de desplazados y re desplazados de su país, tampoco ha dado respuesta a la reconstrucción de la ciudad de Mocoa, capital del departamento del Putumayo, casi un año después de la tragedia que la devastó.

En el mismo orden, Monseñor Héctor Fabio Henao, secretario nacional de la Pastoral Social de Colombia y miembro del mismo partido político que conforma la Conferencia Episcopal Venezolana, quienes bajo dirección del cardenal Parolin hacen oposición al Papa Francisco en el Vaticano, monta su trama de “ayuda humanitaria” a Venezuela, sin mencionar a los miles de niños wayúu que mueren cotidianamente por desnutrición, a los cientos de activistas sociales y de derechos humanos asesinados en las últimas semanas en Colombia, el último de los cuales Temístocles Machado conmovió al país por su liderazgo y lealtad con su comunidad. Tampoco habla Henao y su mentor Santos de los maltratos a los colombianos que quieren regresar desde Venezuela a su país y que son segregados y lastimados por haber aceptado tener también la ciudadanía venezolana.

Mientras Colombia se cae a pedazos, con un desempleo que está a punto de llegar al 10%; un virtual paro de la educación en los próximos días; el desplome del puente de Chirajara que se cayó, aún siendo el proyecto ganador del premio nacional de ingeniería, pero ante lo cual nadie dirá nada, a pesar que 9 inocentes  ciudadanos colombianos fallecieron, porque fue construido por Coviandes, una empresa propiedad de Carlos Sarmiento Angulo el mayor millonario del país;  y cuando un alto, muy alto personaje del país, (tal alto que se dice que si llega a caer, se estremecerá el país entero) se protege cobarde e impunemente en su investidura, tras la denuncia de violación hecha en su contra por una conocida periodista, Santos está preocupado de Venezuela. Lo cierto es que su partido desapareció, no tiene candidato y no sabe que va a hacer para garantizar impunidad ante el desastre que se avecina…mejor dicho si sabe: piensa limpiar sus culpas, dirigiendo el ataque contra Venezuela para buscar indulgencias en el norte. Le queda tiempo hasta el 10 de agosto. Hay que impedirlo, ¡el pueblo venezolano lo impedirá!

Fuente TeleSur

 

Sabotaje a la democracia en Venezuela

Por Atilio Borón

 

Dando una vez más cumplimiento a su funesta misión Estados Unidos acaba de sabotear un acuerdo laboriosamente alcanzado entre el gobierno y la oposición venezolana en los diálogos de Santo Domingo.  La carta que el 7 de Febrero hizo pública el ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero revela su sorpresa -y, de modo más sutil, su indignación- ante la “inesperada” renuncia por parte de los representantes de la oposición a suscribir el  acuerdo cuando estaba todo listo para la ceremonia protocolar en la cual se anunciaría públicamente la buena nueva. Como revela en dicha carta RZ dice que luego de dos años de diálogos y discusiones se había llegado a un acuerdo para poner en marcha “un proceso electoral con garantías y consenso en la fecha de los comicios, la posición sobre las sanciones contra Venezuela, las condiciones de la Comisión de la Verdad, la cooperación ante los desafíos sociales y económicos, el compromiso por una normalización institucional y las garantías para el cumplimiento del acuerdo, y el compromiso para un funcionamiento y desarrollo plenamente normalizado de la política democrática.” (https://www.aporrea.org/oposicion/n320777.html).

Este acuerdo, de haber sido firmado por la oposición, ponía fin a la crisis política que, con sus repercusiones económicas y sociales, había desatado una de las más graves crisis de Venezuela en su historia. Era también un paso gigantesco hacia la normalización de una situación regional cada vez más crispada por las resonancias del conflicto venezolano. El pretexto sorpresivamente utilizado por la avergonzada oposición fue la renovada exigencia de que las elecciones presidenciales fuesen monitoreadas por el Grupo de Lima, una colección de países (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guayana,  Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía) cuyos gobiernos compiten para ver quien hace gala del mayor servilismo a la hora de obedecer las órdenes emitidas por la Casa Blanca para atacar a Venezuela. El Grupo de Lima no es una institución como la UNASUR, la OEA u otras por el estilo. El documento elaborado en la República Dominicana ponía en manos de la Secretaría General de la ONU organizar la fiscalización del comicio presidencial, una institución infinitamente más seria y prestigiada que el Grupo limeño en donde abundan los narcopresidentes,  los golpistas bendecidos por Estados Unidos como los mandatarios de Brasil y Honduras , gobiernos como el de México que hicieron del fraude electoral un arte de incomparable eficacia, o el de Chile, cuyo mayor logro democrático es haber decepcionado tanto a su pueblo que menos de la mitad del electorado concurrió a votar en las últimas elecciones presidenciales. Sin embargo, la exigencia de que este impresentable grupo de gobiernos fuese el encargado de garantizar la “transparencia y honestidad” de las elecciones presidenciales en Venezuela fue el pretexto utilizado para boicotear un acuerdo que tanto trabajo había costado sellar. ¿Cómo explicar este súbito e inesperado cambio en la opinión de la oposición venezolana?

Para responder a esta interrogante hay que viajar a Washington. Tal como era previsible para la Casa Blanca la única solución aceptable pasa por la destitución de Nicolás Maduro y un “cambio de régimen”, aún si esta opción entraña el peligro de una guerra civil e ingentes costos humanos y económicos. En otras palabras, el modelo es Libia, o Irak, y de ninguna manera una transición pactada entre el gobierno y la oposición, o menos todavía, aceptar la supervivencia del gobierno bolivariano a cambio de algunos gestos de moderación por parte de Caracas. Desde la perspectiva geopolítica que informa todas las acciones de la Casa Blanca ningún escrúpulo moral puede interferir en el proyecto de someter Venezuela al yugo estadounidense, esa enfermiza obsesión del imperio para convertir en un protectorado norteamericano a un país que cuenta con las mayores reservas petroleras del planeta y un territorio dotado de inmensos recursos naturales. Para los halcones de Washington cualquier opción distinta a esa es pura sensiblería, y si los políticos de la oposición venezolana creyeron que estas negociaciones serían si no avaladas al menos toleradas por la Casa Blanca cayeron en una infantil ilusión: creer que a Estados Unidos le importa la democracia, o lo que ellos llaman “crisis humanitaria”, o la vigencia del Estado de Derecho en Venezuela.  Al imperio estas cuestiones le son completamente irrelevantes cuando se habla de la inmensa mayoría de los “países de mierda” que constituyen la periferia del sistema capitalista mundial. Por eso no fue casual que la orden de abstenerse de firmar los acuerdos coincidiera con la visita de Rex Tillerson a Colombia, y que fuese el presidente Juan M. Santos quien tuviera la deshonrosa tarea de transmitir el úkase imperial a los representantes de la oposición reunidos en Santo Domingo.

¿Cómo seguirá esta historia? Washington está tensando la cuerda para tornar inevitable una “solución militar” en Venezuela. Fue por eso que  Tillerson recorrió 5 países latinoamericanos y caribeños, en un esfuerzo para coordinar a nivel continental las acciones de lo que bien podría ser el comienzo de un asalto final contra la patria de Bolívar y Chávez. El Comando Sur está alistando personal de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Panamá sin otro verosímil propósito que el de atacar a Venezuela. Mientras, la ofensiva diplomática y mediática se extiende por todo el mundo. El Parlamento Europeo ha dado nuevas muestras de su  proceso de putrefacción y redobla las sanciones contra Venezuela, al paso que los sirvientes latinoamericanos y caribeños de Washington se pliegan oprobiosamente a la agresión. Este 8 de Febrero el gobierno de Chile anunció la suspensión de manera indefinida de su participación en el diálogo venezolano porque, según La Moneda, “no se han acordado condiciones mínimas para una elección presidencial democrática y una normalización institucional.” Parece que, como una vez dijera José Martí, en Venezuela está llegando “la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz.”

Fuente TeleSur

 

Tillerson, una gira fracasada

Por Ángel Guerra

Ha fracasado el intento del secretario de Estado Rex Tillerson de imponer en su gira por América Latina y el Caribe obsesiones y pesadillas del imperialismo estadunidense en su momento de mayor decadencia. Su propósito principal de avanzar hacia el derrocamiento del presidente Maduro mediante un golpe de Estado u otras vías cruentas que ya conocemos, de liquidar la revolución bolivariana y apoderarse del petróleo de Venezuela, está muy lejos de concretarse como resultado de su recorrido. Recibió un contundente e inmediato repudio no sólo de Maduro sino de Vladimir Padrino, general en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, rodeado de los principales mandos de la institución, apoyado clamorosamente por los cuadros y masas chavistas.

La gira fue precedida de un discurso irrespetuoso, trasnochado e injerencista contra Cuba y Venezuela en la Universidad de Tejas en el que tuvo la osadía de reivindicar la vigencia de la Doctrina Monroe y de cuestionar las relaciones de China y Rusia con nuestra región. “América Latina no necesita de nuevos poderes imperiales que solo miran por su interés. Estados Unidos es distinto: no buscamos acuerdos a corto plazo con ganancias asimétricas, nosotros buscamos socios”. ¡Que cinismo!

El secretario pasó por alto que es la potencia que él representa, junto a sus corporaciones, y no China y Rusia, la que ha sometido por más de un siglo a nuestra región al saqueo, la explotación, la injerencia, las intervenciones militares, los golpes de Estado y el asesinato de cientos de miles de obreros, campesinos, estudiantes e indígenas.

Tillerson llegó a sugerir que se fuera el presidente electo por una mayoría de venezolanos y a entrometerse descaradamente en el proceso electoral de Cuba. El jefe del departamento de Estado no parece haberse dado cuenta que ni Estados Unidos es el poder casi omnímodo que aparentaba al desaparecer la URSS y que la actual presencia china y rusa en nuestra América obedece a decisiones soberanas de los gobiernos de la región, incluso algunos muy a la derecha como Argentina y Brasil. Tillerson podrá decir lo que se le ocurra pero como demuestran los ejemplos de Cuba y Venezuela, Washington no siempre consigue sus objetivos con la política de sanciones, amenazas, intentos de chantaje e intervenciones. Al contrario, resultan contraproducentes como comprendió el presidente Obama después de seis décadas de aplicarla a Cuba.

Tampoco los gobiernos de la región van a cesar las relaciones con Rusia y China por más presión que haga Washington pues necesitan venderles sus materias primas, que benefician a sus economías y enriquecen a las oligarquías e incluso a las transnacionales. También porque ya existen proyectos conjuntos de infraestructura con Pekín por miles de millones de dólares y hay muchos más en camino que la potencia del norte carece de los recursos y la voluntad de acometer. Esto se vio muy claro en la última Cumbre CELAC-China en Santiago de Chile. En cuanto a las armas rusas, aparte de su gran calidad y precios razonables, es evidente que para cualquier país decidido a ser independiente y a preservar su soberanía son una mucho mejor opción que las estadunidenses.

Tillerson no ha hecho más que traernos su versión personal del desprecio hacia nuestros pueblos y los africanos –países de mierda(sic)- a que acostumbra Trump un día sí y otro también. De la grosería y la arrogancia con que habla su jefe de nosotros. Vino por lana y salió trasquilado. Pretendía que saltara un Pinochet y lo rechazó un coro de militares patriotas venezolano por boca del general Padrino “En Venezuela no aceptaremos jamás que algún gobierno o potencia extranjera intervenga bajo ninguna forma”. Contrasta con la conducta servil y suicida de los líderes de la oposición venezolana, a quienes les bastó una llamada de Tillerson desde Bogotá para no firmar los acuerdos de República Dominicana.

El viaje del secretario se concentró en los países del llamado Grupo de Lima. Cabe recordar que Estados Unidos tuvo que recurrir a estos gobiernos ultraneoliberales porque los caribeños y los países del ALBA le impedían imponer sanciones a Venezuela en el seno de la OEA. Pero aún estos gobiernos injerencistas, como el mexicano, puntualizan que no son partidarios de una salida violenta en Venezuela. Supongo que se miran en el espejo de Irak, Libia y Siria.

Como dice la declaración de la cancillería cubana en respuesta a Tillerson: Nuestra América ha despertado y ya no será tan fácil doblegarla

Fuente: La Jornada

 

Declaración de la red de intelectuales y artistas en defensa de la humanidad sobre el referendo del Ecuador

Por: Red de Intelectuales y Artistas en defensa de la Humanidad (31 enero 2018)

 

                                       El Ecuador actual es un país maniatado comunicacionalmente por la oligarquía mediática.

El próximo domingo 4 de Febrero la ciudadanía ecuatoriana deberá acudir a las urnas para votar en un referendo convocado por el gobierno, en abierta violación de las normativas constitucionales, para decidir si se destierra definitivamente de la vida política nacional a uno de sus más ilustres hijos, Rafael Correa Delgado. Ese, y no otro, es el objetivo del referendo, cuestión que se pretende disimular con la incorporación de otras preguntas para evitar que se visualice con claridad el ataque ad hominen del gobierno de Lenín Moreno contra su predecesor. Huelga aclarar que la eliminación de Correa Delgado del paisaje político ecuatoriano es una vieja aspiración de la derecha que el actual presidente sorpresivamente adoptó como propia.

Esta acción no puede ni debe permanecer en silencio ante la inmoralidad que significa condenar de por vida al ostracismo político a quien fuera uno de los mejores presidentes de la historia ecuatoriana, que puso fin a un período de tremenda inestabilidad política, económica y social, y a un hombre profundamente consustanciado con la necesidad de promover la unidad de Nuestra América.

El Ecuador actual es un país maniatado comunicacionalmente por la oligarquía mediática, misma que actúa con la complacencia de un gobierno que ha optado, de manera suicida, por dejar en manos de grandes intereses empresariales el manejo de la comunicación social. En esas condiciones, la posibilidad de que una población desinformada y manipulada mediáticamente pueda responder afirmativamente a la consulta oficial y poner fin a la vida política del ex presidente Correa Delgado es motivo de profunda consternación para todas las fuerzas progresistas y de izquierda de América Latina y el Caribe. A su claridad ideológica, a su apego a los ideales de los padres fundadores de la Patria Grande, a su auténtica vocación latinoamericanista le debemos decisiones fundamentales para la marcha de nuestros pueblos en pos de su Segunda y Definitiva Independencia.

En línea con estas fuentes de inspiración ofreció a su país para ser la sede de la UNASUR, dotando a esta institución (hoy castigada por la reacción derechista predominante en varios países de la región) de magníficas instalaciones en la mitad del mundo. Tuvo también la valentía de exigir la salida de las tropas estadounidenses de la base de Manta y le hizo un enorme, impagable, favor a la causa de la libertad de prensa y de expresión a nivel mundial al ofrecer asilo diplomático a Julian Assange en la embajada del Ecuador en el Reino Unido.

Durante su gobierno el Ecuador fue un punto de referencia para todos los movimientos y las fuerzas sociales que en los cinco continentes buscaban un destino mejor para sus pueblos. Rafael Correa Delgado fue un gobernante que resistió a pie firme brutales ataques de las clases dominantes de su país y del imperio norteamericano, que no escatimaron ningún recurso, legal o ilegal, pacífico o violento, con tal de hacer fracasar a su gobierno, y no pudieron. Un eventual triunfo del sí en la segunda pregunta del referendo condenaría al Ecuador a prescindir, para siempre, del concurso de su más significativa figura política de los últimos cincuenta años y de un presidente que terminó sus diez años de gobierno con un índice de aprobación del 62 por ciento pese a los efectos desquiciantes de la caída de los precios internacionales del petróleo y los enormes costos de la reconstrucción del terremoto del 2016 que asoló la provincia de Manabí. Un líder inmensamente popular, dentro y fuera del Ecuador, que cambió definitivamente y para bien a su país hoy está en riesgo de ser desterrado para siempre de la vida política ecuatoriana. Pierde el Ecuador, y perdemos todos los latinoamericanos y caribeños. Llamamos a la reflexión de ecuatorianas y ecuatorianos para no incurrir en tan gigantesco desatino y dejar abierta la posibilidad de que el ciudadano Rafael Correa Delgado pueda seguir siendo un protagonista activo de la vida política de ese país y de toda Nuestra América.

 

Estados Unidos crea una nueva Fuerza de Tarea en Internet para subversión en Cuba

Por Sergio Alejandro Gómez

 

El gobierno estadounidense anunció este martes la creación de una nueva Fuerza de Tarea en internet dedicada a subvertir el orden interno en Cuba.

 

«El Departamento de Estado convoca una Fuerza de Tarea en Internet compuesta de funcionarios gubernamentales y no gubernamentales con el objetivo

de promover el libre flujo de información en Cuba», refiere un comunicado colgado en su página web oficial.

 

En el pasado, frases como «trabajar por la libertad de expresión» y «expandir el acceso a internet en Cuba» han sido utilizadas por Washington para enmascarar planes desestabilizadores con el uso de las nuevas tecnologías.

 

Uno de los ejemplos más conocidos fue el proyecto ZunZuneo, desenmascarado en el año 2014 por la agencia ap, que pretendía crear una plataforma de

mensajería entre los jóvenes cubanos similar a Twitter, pero cuyo verdadero propósito era promover acciones contra el orden interno del país.

 

Este nuevo experimento del Departamento de Estado, de acuerdo con el comunicado, sigue las directrices planteadas por el presidente Donald Trump en su memorando presidencial del 16 de junio del 2017.

 

En Miami, rodeado por miembros de la ultraderecha de origen cubano, el mandatario anunció entonces un cambio de política hacia Cuba con el fin de

fortalecer el bloqueo y hacer más difícil los viajes entre ambos países.

 

«La Fuerza de Tarea examinará los retos y oportunidades para expandir el acceso a internet en Cuba y los medios de comunicación independientes», añade el anuncio del Departamento de Estado.

 

Cuba, por decisión soberana y en la medida de sus posibilidades económicas, viene aumentando el acceso de sus ciudadanos a la red de redes.

 

Según información aportada por la especialista Rosa Miriam Elizalde, «el 2017 será recordado como el del boom de la expansión del acceso a la red en

nuestro país, con 40 % de los cubanos conectados a internet, 37 % más que en el 2010, y por la naturalización de la conexión a internet en los espacios urbanos de una punta a la otra de la Isla».

 

En el 2017 la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba activó 600 000 nuevas líneas móviles, para un total de 4,5 millones de dispositivos en manos de la población. A diario se produjeron 250 000 conexiones a través de más de 500 puntos de acceso públicos en todo el territorio nacional y Cuba fue el país de mayor crecimiento en dos categorías de conectividad digital, de acuerdo con el reporte Digital in 2017 Global Overview: presencia en redes sociales –con más de 2,7 millones de nuevos usuarios y 365 % de incremento respecto al año precedente– y uso de móviles para acceder a las redes sociales –2,6 millones de nuevos usuários y un aumento de 385 %.

Fuente: Granma

 

Filantropía o subversión, ¿cuáles son los planes de Estados Unidos para Cuba en internet?

Por Sergio Alejandro Gómez

La «Fuerza Operativa» que propone Washington está anclada a los preceptos de la Guerra No Convencional, que busca desestabilizar Gobiernos soberanos apelando a la manipulación de la información, la fabricación de falsos líderes y la generación artificial de descontento

El Gobierno de Donald Trump anunció la semana pasada la creación de un mecanismo dedicado a Cuba en el campo de internet. El término utilizado para designarlo en inglés fue «Cuba Internet Task Force». La forma de traducirlo al español depende más del contexto que de las palabras utilizadas.

«Task Force» proviene de la esfera militar y define una unidad temporal establecida para trabajar en una operación o misión concreta. Su traducción literal sería «fuerza de tareas», pero los lingüistas recomiendan utilizar «fuerza operativa» o «grupo operativo», que tienen más sentido en español.

Entre los angloparlantes, «task force» saltó del ámbito militar al de los negocios y la gestión empresarial, donde cambió parcialmente su sentido. En esos casos, su referente en español podría ser «grupo de trabajo».

Cuando Granma reportó la noticia, usó la traducción «Fuerza de Tareas en internet contra Cuba», asumiendo su acepción militar. Sin embargo, el sitio web de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, y otras fuentes oficiales de Washington, lo referenciaron como «Grupo de Trabajo de Internet para Cuba».

¿Qué fue entonces lo que creó el Departamento de Estado? ¿Se trata de un filantrópico «grupo de trabajo» para regalarle acceso a los cubanos a la red de redes o una «fuerza operativa» para subvertir el orden interno?

Aunque la primera reunión del mecanismo está programada para el 7 de febrero próximo, existen datos suficientes para ofrecer una respuesta.

El Gobierno de Barack Obama no escondió su intención de priorizar el sector de las telecomunicaciones con objetivos de influencia política, pero ambos países dieron pasos concretos en este campo a partir del 17 de diciembre del 2014. Varias empresas de tecnología de Estados Unidos se acercaron a Cuba y algunas como Google firmaron acuerdos para facilitar sus operaciones en el país. Las principales compañías de telecomunicaciones norteamericanas, asimismo, establecieron convenios con Etecsa para mejorar el tráfico de datos y la activación del servicio de roaming.

La idea que propone ahora el Departamento de Estado va por un camino distinto al reforzar las intenciones subversivas de la administraciones precedentes.

En la convocatoria pública de la semana pasada se habla de integrar «funcionarios gubernamentales y no gubernamentales» para «promover el flujo de información gratuita y no regulada en Cuba». El grupo se encargará de «examinar los desafíos tecnológicos y las oportunidades para ampliar el acceso a internet y los medios de prensa independientes en Cuba».

Si bien todavía los aspirantes no son públicos, fuentes cercanas a la iniciativa aseguran que habrá presencia del Departamento de Estado, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (Usaid, por sus siglas en inglés) y la Oficina de Transmisiones a Cuba (OCB, por sus siglas en inglés), que acoge a dos reliquias de la época de mayor agresividad entre La Habana y Washington: Radio y TV Martí.

El cóctel propuesto es el mismo de las operaciones encubiertas de la CIA en el pasado. Resulta un retroceso a las políticas de la Guerra Fría y a métodos que ya demostraron su inefectividad para lograr cualquier cosa que no sea tensión entre los dos países.

En la época de Obama se dieron escándalos notorios como la revelación de los planes de ZunZuneo y Commotion, que los medios estadounidenses utilizaron para ilustrar el fracaso de la estrategia hacia Cuba.

Millones de dólares de los contribuyentes fueron desperdiciados en intentar crear redes clandestinas o sistemas similares a Twitter, utilizando a contratistas extranjeros e incluso norteamericanos, que violaron las leyes cubanas como las de sus países de origen al atentar contra la seguridad del Estado. Algunos de ellos fueron apresados y juzgados por ese motivo.

No hay margen para la ingenuidad. La «Fuerza Operativa» que propone Washington está anclada a los preceptos de la Guerra No Convencional, que busca desestabilizar Gobiernos soberanos apelando a la manipulación de la información, la fabricación de falsos líderes y la generación artificial de descontento.

Más que una discusión sobre semántica, el tema de fondo son los planes de la nueva administración estadounidense contra Cuba y sus posibles consecuencias. No se puede olvidar que el diablo está en los detalles y el lenguaje es, sobre todo, ideología.

Fuente: Granma

 

2018-02-26T17:29:04+00:00 26 / 02 / 2018|De Nuestra América|

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