NÚMERO 76

DE NUESTRA AMÉRICA

TITULARES

-EDITORIAL

– “El gran capital está interesado en destruir la integración latinoamericana”. Por Ariel Noyola Rodríguez

– Las crisis de la izquierda latinoamericana. Por Emir Sader*

– Consumir política. Dilemas latinoamericanos. Por Alfredo Serrano Mancilla y Esteban De Gori

– Bolivia: De la derrota táctica a la victoria estratégica. Por Katu Arkonada

– La visita a Cuba del presidente Barack Obama. Editorial del diario Granma. 8 de marzo de 2016

EDITORIAL

La ofensiva restauradora.

La ofensiva derechista-neoliberal arrecia. A las derrotas electorales del Frente para la Victoria, en Argentina, y las legislativas en Venezuela, se vino a sumar la victoria del NO, aunque por estrecho margen, en el plebiscito efectuado en Bolivia el pasado 21 de febrero, para determinar la modificación de la Constitución y así permitir al presidente Evo Morales postularse nuevamente en los comicios de 2019.

Los resultados de ese plebiscito, pese a tener un carácter solamente local, pues no modificaba los poderes del Estado y por ello tampoco la correlación de fuerzas en Suramérica, habían acaparado la atención continental, pues un triunfo del SI hubiese quebrado la racha de triunfos de las fuerzas más conservadoras.

Se inscribe también en ese contexto de confrontación entre los sectores progresistas y reaccionarios las fricciones entre el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, y sectores de la cúpula militar que con el apoyo de los medios de comunicación pretendieron desobedecer las órdenes del Ejecutivo, en el sentido de que las fuerzas armadas devolvieran los más de 40 millones de dólares que por la venta de unas parcelas de tierra le habían cobrado el Ministerio de Ambiente y que obviamente se encontraban sobrevaloradas.

“Yo soy el Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y no permitiré que nadie me desobedezca”, dijo el presidente Correa tras tomar la decisión, como respuesta a estos hechos, de pasar a retiro a la cúpula militar, semanas antes de que le correspondiera la jubilación.

No puede valorarse como casual el que apenas dos días después de haber sido nombrado Ricardo Patiño, hombre de entera confianza de Correa, como ministro de Defensa para intentar dar por cerrado este peligroso capítulo, en el cual las Fuerzas Armadas intentaron erigirse como desobediente factor político, el Departamento de Estado de los Estados Unidos diera a conocer su informe anual sobre narcotráfico en el que cita a Ecuador como “uno de los países por lo que más drogas ilegales transitan” hacia los Estados Unidos y Europa. Agregaba el Departamento de Estado que Ecuador “tendrá que dedicar más fondos a los esfuerzos contra el narcotráfico para afrontar los crecientes retos”, en clara alusión a las capacidades de policías y militares para enfrentarlos y con ello abrir una nueva fricción entre el gobierno y los uniformados.

La campaña imperialista contra Venezuela también ha subido de tono; el propio presidente Barack Obama decidió prorrogar por un año más la vigencia de la orden ejecutiva del 8 de marzo 2015 en la que declaró a los Estados Unidos en “emergencia nacional” ante “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos“. Esa ridícula “amenaza inusual y extraordinaria” que pone en peligro a los Estados Unidos se llama Venezuela y con la prórroga el gobierno norteamericano desafía a toda Latinoamérica el Caribe que al unísono mostró su rechazo hacia esa medida a través de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), de la Unión de Estados Sudamericanos (UNASUR) e incluso en la VII Cumbre de las Américas, efectuada en Panamá, el pasado año y en la que el propio Obama tuvo que enfrentar más de una recriminación.

Con todo el apoyo washingtoniano, la ultraderecha venezolana cree llegado el momento de destruir la Revolución Bolivariana, para lo cual la oposicionista Mesa de Unidad Democrática ha comenzado a desarrollar una “campaña nacional exigiendo la renuncia” del presidente Nicolás Maduro (vía que ya ensayó a inicios del pasado año y que dejó como resultado más de 40 fallecidos). A la vez intenta aprobar en la Asamblea Nacional, donde cuentan con mayoría, una enmienda constitucional para destituirlo (algo inconstitucional pues la Asamblea no tiene poder para reformar la Constitución) y también plantea convocar a un referéndum revocatorio, lo que sí sería legal pero para ello tendría que conseguir las firmas del veinte por ciento del padrón electoral.

La ultraderecha se encuentra feliz y pujante en toda Suramérica; al fascismo se le comienzan a ver nuevamente las garras. En la Argentina más de 65.000 despidos laborales tuvieron lugar en los dos primeros meses del actual año, han sido atacadas varias oficinas de grupos políticos progresistas y la casa del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, en Mar del Plata, fue totalmente desvalijada por grupos neonazis: “eso es preocupante. Esos grupos vuelven a resurgir con mucha fuerza, en muchos lugares. Como también los asaltos, la destrucción de casas“, denunció Pérez Esquivel.

En Brasil, el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) enfrenta una feroz ofensiva de la ultraderecha agazapada en los poderes legislativo y judicial. Lo que está en juego en este país suramericano no es derrocar o desplazar a un gobierno revolucionario o progresista, ya que en realidad sólo un tímido reformismo ha caracterizado a los gobiernos del PT.

Lo importante para el imperialismo y la ultraderecha continental es llevar hacia el neoliberalismo, claramente y sin tapujos, al mayor y  económicamente más poderoso país latinoamericano, para con ello dar un golpe mortal al proceso integracionista y, a la vez, eliminar del vocabulario político suramericano el concepto de no intervención, poniendo su política exterior a tono con la colombiana, argentina, peruana, paraguaya, chilena, con lo que Venezuela, Ecuador, Bolivia y un poco Uruguay, quedarían totalmente a la defensiva.

Hemos reiterado en anteriores editoriales  que esta ofensiva de restauración conservadora se inició hace más de cinco años por los eslabones más débiles entre los gobiernos progresistas latinoamericanos (Honduras y Paraguay) y su objetivo final es la destrucción de joven proceso integracionista en Nuestra América, que pone en peligro el dominio estadounidense en el área.

Si algún observador político aún tenía dudas, los últimos acontecimientos hablan muy claro en el sentido de que en los tiempos que se avecinan, las fuerzas progresistas, que durante los últimos quince años fueron  en auge y arrebataron posiciones a la ultraderecha, tendrán que continuar enfrentando esta ofensiva de restauración conservadora muy bien coordinada desde Washington, directamente  por el gobierno estadounidense o a través de sus agencias subversivas, supuestamente no gubernamentales, y ong(s) con ropajes filantrópicos.

En el campo de batalla de esta ofensiva restauradora (que forma parte de la lucha por una nueva correlación  mundial de fuerzas) el imperialismo y la ultraderecha tienen como su principal aliado a los medios masivos de comunicación; a través de la guerra mediática se empañan y cuestionan a los líderes progresistas, se tergiversa la historia, se desvirtúan las políticas sociales, se siembra en la mentalidad de los pueblos el individualismo, la despolitización, el consumo….

Todas las armas posibles serán usadas por el imperialismo y la ultraderecha para intentar frenar el ascenso revolucionario. A fin de cuentas, históricamente, hasta el asesinato ha formado parte de su arsenal contrarrevolucionario. Desde Augusto César Sandino hasta el Che, pasando por los “accidentes” en que murieron el presidente panameño Omar Torrijos y el ecuatoriano Jaime Roldós, el asesinato ha formado parte el arsenal imperial contra el movimiento revolucionario.

Muy a menudo me pregunto si el agresivo cáncer que llevó a la inmortalidad a Hugo Chávez no formó parte de las armas imperiales. No podemos olvidar que uno de sus edecanes más cercanos, Leamsy Salazar,  se encuentra en Estados Unidos, bajo la protección de las autoridades de ese país.

De nuestros pueblos y de la inteligencia y aplomo con que actúen los dirigentes progresistas de Nuestra América dependerá, en mucho, el no retroceder a la década los años 90 del pasado siglo, en que el neoliberalismo sumió al Continente en la miseria y la desesperanza, o peor aún a la de los años 70, con sus cientos de miles de muertos y desaparecidos.

 

 

                                                                                                                                                       Eddy E. Jiménez

“El gran capital está interesado en destruir la integración latinoamericana”

Por Ariel Noyola Rodríguez*

Si hay alguien que ha dejado huella en el pensamiento económico de América Latina es Theotonio dos Santos: científico social brasileño, catedrático de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, exponente de la Teoría Marxista de la Dependencia y galardonado con el Premio Economía Marxista 2013 de la Asociación Mundial de Economía Política. Dos Santos dictó a mediados de febrero una serie de conferencias sobre teorías del desarrollo como parte de la Cátedra Maestro Ricardo Torres Gaitán que le fue otorgada por el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM por sus aportaciones en la materia.

Ariel Noyola Rodríguez consiguió entrevistar a Theotonio dos Santos durante su estancia en la Ciudad de México y abordó, entre otros temas, las perspectivas de la economía y el sistema mundial, las contradicciones del desarrollo capitalista de China, el ascenso del yuan como divisa de reserva internacional, los desafíos de la integración latinoamericana, el atasco burocrático del Banco del Sur, el reposicionamiento regional de Estados Unidos, la crisis del pensamiento económico y los problemas que enfrenta la izquierda para construir alternativas.

Por su amplia extensión, la publicación de la entrevista se ha dividido en varias partes. En esta segunda entrega Noyola Rodríguez explora con dos Santos los desafíos de la integración latinoamericana, el atasco burocrático del Banco del Sur y el reposicionamiento de Estados Unidos en la región.

-Ariel Noyola Rodríguez: Hoy sabemos por Andrés Arauz (representante de Ecuador ante el directorio ejecutivo del Banco del Sur) que Brasil y Paraguay no han ratificado el acta fundacional del Banco del Sur.

En contraste, vemos que el gobierno de Brasil está comprometido con el financiamiento del banco de desarrollo de los BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) impulsado por China.

¿En ese sentido, considera usted que Brasil ejerce más bien un rol sub-imperialista (de acuerdo con la categoría elaborada por Ruy Mauro Marini), o de qué otra manera podemos explicar que no se interese en liderar las iniciativas de integración regional mientras que apoya los proyectos de potencias económicas como China?

-Theotonio dos Santos: La clase dominante brasileña aspiró realmente a proyectar una política sub-imperialista cuya congruencia nació de la visión geopolítica de los militares que efectuaron el golpe de Estado en 1964. Ruy trabajó mucho sobre la visión y el contexto económico de esa época. En aquel momento nosotros los brasileños teníamos una economía en expansión con una fuerte posibilidad de influencia sobre la región pero a través del gran capital, entonces nos teníamos que adaptar a la política que el gran capital proyectaba.

Pero ocurre que el gran capital ha cambiado bastante su visión de Brasil, sobre todo en cuanto a su calidad de intermediario. Hay muchos factores que permitieron eso. Uno de ellos, es la pérdida de confianza de Estados Unidos para controlar la economía brasileña y también de diversos grupos empresariales que pensaban que Brasil podía ser una punta de lanza en la región.

A pesar de todo, Brasil se mantuvo en la década de los 2000 como un actor que prestó un apoyo fuerte, junto con Venezuela, a la creación de un aparato de integración en la región. En estos años surge la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que avanza a pesar de todo, porque realmente hay muchos intereses que buscan sabotearla. El Banco del Sur es otra iniciativa bastante importante, pero Brasil no lo quiso. Desde el primer momento Brasil no quería formar parte, pero entró…

El acta fundacional del Banco del Sur se firmó en diciembre de 2007 en la ciudad de Buenos Aires, sin embargo, la institución financiera todavía no se ha puesto en marcha por la falta de voluntad política del gobierno de Brasil.

Ariel Noyola Rodríguez: ¿El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) se opone a que el gobierno de Brasil financie el Banco del Sur?

-Theotonio dos Santos: Así es, el BNDES no quiere. Porque el BNDES tiene una gran cantidad de recursos, aunque bueno, también han disminuido. De cualquier forma, el BNDES tiene la capacidad de financiar una gran cantidad de inversiones en toda América Latina, por eso el gobierno de Brasil no tiene interés en tener un intermediario a través del Banco del Sur.

Se desperdició la oportunidad de realizar grandes inversiones para aprovechar la recuperación de la economía durante los años 2000 gracias a los 300,000 millones, 370, 000 millones de dólares que Brasil generó de excedentes. Todo ese dinero se metió a las reservas [del banco central], y gran parte se utilizó en la compra de deuda norteamericana. Entonces hay un aprisionamiento de tu poder económico. Hemos invertido como 120,000 millones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos, es algo absurdo.

Es un error de visión muy grave. Hay un pensamiento económico que no ha estado a la altura de los cambios que están pasando. Brasil no tiene una visión latinoamericana. Lula tenía una visión distinta, que ahora está siendo atacada muy fuertemente. Con todo, en la fase actual todas las iniciativas que favorecieron la integración regional en estos años, fueron iniciativas de interés latinoamericano, más que interés del capital trasnacional.

Por ejemplo, miremos los acuerdos entre México y Estados Unidos. Para México representaron muchas inversiones. México tiene una industria automotriz cuya producción es 70% para exportación. Brasil también tiene una industria automotriz, pero sólo 30% es para exportación, y son más o menos iguales.

Entonces para que Brasil vuelva a ser un agente del gran capital, para que desde ahí se impulse una política, digamos sub-imperialista, pues se tendría que imponer un gobierno con otra orientación política, que es lo están buscando hacer. También quieren derrumbar a Venezuela, y a todos los gobiernos que están comprometidos con los procesos de integración.

Es un absurdo que sectores de la izquierda vean la integración como sub-imperialismo. La integración regional nunca será parte de los intereses del sub-imperialismo, por el contrario. Estados Unidos, que es el actor imperialista superior, jamás ha defendido una política de integración regional, ahora está tratando de romperla. El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) es su nueva aventura. Quieren cortar la integración sin poder ofrecer nada. Es que los países que se sumaron al TPP se van a integrar sí, pero solamente con Estados Unidos.

Como en el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN): es México con Estados Unidos, y Canadá con Estados Unidos, pero entre México y Canadá no hay nada, entonces no existe integración. Y lo mismo se propone con los países de la costa del Pacífico, ellos no van a fortalecer la integración entre sí, sólo van a aumentar los negocios que favorecen a Estados Unidos. Pero Estados Unidos no va aumentar la demanda de productos de esos países, Estados Unidos quiere aumentar la venta de sus productos porque tiene un déficit comercial extremadamente elevado.

La política de Estados Unidos consiste en aumentar sus exportaciones, y esa no es la política de ningún país de la región, todos están interesados en vender hacia Estados Unidos no en comprar, entonces es una aventura. Pero peor aún, lo que estos países han aumentado de su nivel de exportaciones, y sí, han conseguido superávit importantes en los últimos años, es por la mayor demanda del mercado chino, pero el TPP es un producto anti-China.

El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) fue firmado el pasado 3 de febrero en Nueva Zelanda por 12 países; ahora sus gobiernos tienen la tarea de conseguir su ratificación en las legislaturas nacionales.

Cómo puedes entrar en un proyecto anti-China, cuando la única posibilidad que tienes es de expandir las exportaciones hacia China. Y además, para América Latina significa un proyecto anti-integración, es muy grave porque la única posibilidad que existe para nuestros países es apostar por una política de desarrollo regional, un proyecto que lamentablemente los gobiernos aún no han sido capaces de asumir por completo.

Y nada de eso está en el esquema del gran capital, nada de eso quiere el gran capital, pueden adaptarse sí. Pero no es el mismo fenómeno el que estamos viviendo ahora que lo que pasó en la década de 1960. El sub-imperialismo es un potencial, pero no es el camino para el gran capital en este momento. El gran capital está en el camino de romper de forma radical las ventajas que la integración puede proporcionar a la región.

-Ariel Noyola Rodríguez: En efecto, Washington ha intentado recuperar su protagonismo económico y político en América Latina y para ello está impulsando varias iniciativas de integración acordes con los intereses de las empresas norteamericanas.

En cuanto a la Alianza del Pacífico (integrada por Chile, Colombia, México y Perú), llama mucho la atención que Michelle Bachelet haya propuesto establecer un “puente” que les permita converger con el Mercado Común del Sur (MERCOSUR, incluye a Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela). Mauricio Macri, el nuevo presidente de Argentina, apoya la idea. ¿Cuáles serán sus pretensiones?

Y por otro lado tenemos el TPP (conformado por 12 países con Estados Unidos a la cabeza), un proyecto que busca aislar económicamente a China tanto en América Latina como en Asia-Pacífico. ¿Qué tanto poder de influencia tienen estas 2 iniciativas en nuestra región?

-Theotonio dos Santos: Son políticas suicidas. Bueno, el gran capital está interesado en destruir la integración latinoamericana. Macri está en contra de la integración, él hace todo para impedir la integración, incluso planteó la salida de Venezuela del MERCOSUR.

De parte de Bachelet es diferente, porque ella y su ministro de Relaciones Exteriores desde el primer momento no se sumaron a la Alianza del Pacífico para ir en contra de la integración latinoamericana. La Alianza [del Pacífico] ya estaba, digamos, avanzada, no tenía mucho sentido intentar cambiarla. El problema es que no van a conseguir nada con la Alianza del Pacífico ¿Qué van a ganar?

-Ariel Noyola Rodríguez: En el ámbito de las finanzas los integrantes de la Alianza del Pacífico presumen haber avanzado en la construcción de un mercado de capitales común, el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA).

El propósito de este instrumento es promover la integración bursátil trasnacional de las bolsas de valores de Chile, Colombia, México y Perú para de esta forma, crear un patrimonio único que según ellos, puedan competir frente a frente con la bolsa de valores de São Paulo…

-Theotonio dos Santos: Sería interesante observar este fenómeno, pero dudo mucho que estos países lo consigan. Estados Unidos no tiene capital, tiene deuda, una deuda pública equivalente al tamaño de su Producto Interno Bruto (PIB), aunque pueden crear más deuda. ¿De dónde va a sacar recursos Estados Unidos para invertir en eso? ¿De dónde va a sacar plata Chile?

Los capitalistas brasileños están metidos en la bolsa porque tienen que estar, aunque muchos partieron al exterior porque prefieren manejar recursos desde otras latitudes. No veo cómo va a poder funcionar ese mercado de capitales que mencionas. En Brasil no se conoce mucho sobre eso.

Sí, es probable se estén preparando para entrar en una dura competencia con Brasil. Puede ser. Pero no les veo un gran potencial, no creo que ellos tengan recursos. Habría que ver con más detalle todo esto. La verdad es que no pensaba que estos gobiernos [de la Alianza del Pacífico] podrían llegar a un grado de delirio tan grande. Están proponiendo cosas que no pueden hacer.

¿Qué tienen estos países como alianza? Lo normal, lo que les brinda la integración latinoamericana en general. ¿Pero ellos qué van a aportar a la región? Como grupo no hay mucho, hasta ahora han tenido que votar las iniciativas de integración que tienen un sentido más positivo. En la pasada Cumbre de las Américas, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) exigió que Cuba estuviera presente, de lo contrario no habría Cumbre. No pudieron los países de la Alianza imponer una política independiente de la CELAC.

Estados Unidos los está usando para promover una política anti-china. ¿Qué quieren? ¿Qué dejen de exportar a China? Lo que hay detrás de esto, como en Oriente Medio, es que quieren destruir cualquier fuerza que se oponga a las políticas de Estados Unidos, un país que en efecto, como fuerza destructiva todavía tiene un poder muy grande a través de este tipo de alianzas, pero como fuerza constructiva, como un agente articulador de una nueva economía, no le veo influencia por ningún lado…

* Ariel Noyola Rodríguez es economista por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Fuente: Rebelión

Las crisis de la izquierda latinoamericana.

Por Emir Sader*

Se puede decir que hay dos izquierdas en América Latina y que ambas padecen de crisis, cada una a su manera. Una es la que llegó a los gobiernos, empezó procesos de democratización de las sociedades y de salida del modelo neoliberal y que hoy se enfrenta a dificultades –de distinto orden, desde afuera y desde adentro– para dar continuidad a esos procesos. La otra es la que, aun viviendo en países con continuados gobiernos neoliberales, no logra siquiera constituir fuerzas capaces de ganar elecciones, llegar al gobierno y empezar a superar el neoliberalismo.

La izquierda posneoliberal ha tenido éxitos extraordinarios, aún más teniendo en cuenta que los avances en la lucha contra la pobreza y la desigualdad se han dado en los marcos de una economía internacional que, al contrario, aumenta la pobreza y la desigualdad. En el continente más desigual del mundo, cercados por un proceso de recesión profunda y prolongada del capitalismo internacional, los gobiernos de Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador han disminuido la desigualdad y la pobreza, han consolidado procesos políticos democráticos, han construido procesos de integración regional independientes de Estados Unidos y han acentuado el intercambio Sur-Sur.

Mientras que las otras vertientes de la izquierda, por distintas razones, no han logrado construir alternativas a los fracasos de los gobiernos neoliberales, de las cuales los casos de México y de Perú son los dos más evidentes, mostrando incapacidad, hasta ahora, de sacar lecciones de los otros países, para adaptarlas a sus condiciones específicas.

¿En qué consiste la crisis actual de las izquierdas que han llegado al gobierno en América Latina? Hay síntomas comunes y rasgos particulares a cada país. Entre ellos están la incapacidad de contrarrestar el poder de los monopolios privados de los medios de comunicación, aun en los países en los que se ha avanzado en leyes y medidas concretas para quebrar lo que es la espina dorsal de la derecha latinoamericana. En cada uno de esos países, en cada una de las crisis enfrentadas por esos gobiernos, el rol protagónico ha sido de los medios de comunicación privados, actuando de forma brutal y avasalladora en contra de los gobiernos, que han contado con éxitos en su gestión y un amplio apoyo popular.

Los medios han ocultado los grandes avances sociales en cada uno de nuestros países, los han censurado, han tapado los nuevos modelos de vida que los procesos de democratización social han promovido en la masa de la población. Por otro lado, destacan problemas aislados, dándoles proyecciones irreales, difundiendo incluso falsedades, con el propósito de deslegitimar las conquistas logradas y la imagen de sus líderes, sea negándolas, sea intentando destacar aspectos secundarios negativos de los programas sociales.

Los medios han promovido sistemáticamente campañas de terrorismo y de pesimismo económico, buscando bajar la autoconfianza de las personas en su propio país. Como parte específica de esa operación están las sistemáticas denuncias de corrupción, sea a partir de casos reales a los que han dado una proporción desmesurada, sea inventando denuncias por las cuales no responden cuando son cuestionados, pero los efectos ya han sido producidos. Las reiteradas sospechas sobre el accionar de los gobiernos producen, especialmente en sectores medios de la población, sentimientos de crítica y de rechazo, a los que pueden sumarse otros sectores afectados por esa fabricación antidemocrática de la opinión pública. Sin ese factor, se puede decir que las dificultades tendrían su dimensión real, no serían transformadas en crisis políticas, movidas por la influencia unilateral que los medios tienen sobre sectores de la opinión pública, incluso de origen popular.

No es que sea un tema de fácil solución, pero no considerar como un tema fundamental a enfrentar es subestimar el nivel en que la izquierda está en mayor inferioridad: la lucha de las ideas. La izquierda ha logrado llegar al gobierno por el fracaso del modelo económico neoliberal, pero ha recibido, entre otras herencias, la hegemonía de los valores neoliberales diseminados en la sociedad. “Cuando finalmente la izquierda llegó al gobierno, había perdido la batalla de las ideas”, según Perry Anderson. Tendencias a visiones pre-gramscianas en la izquierda han acentuado formas de acción tecnocráticas, creyendo que hacer buenas políticas para la gente era suficiente como para producir automáticamente conciencia correspondiente al apoyo a los gobiernos. Se ha subestimado el poder de acción de los medios de información en la conciencia de las personas y los efectos políticos de desgaste de los gobiernos que esa acción promueve.

Un otro factor condicionante, en principio a favor y luego en contra, fue el relativamente alto precio de los commodities durante algunos años, del que los gobiernos se aprovecharon no para promover un reciclaje en los modelos económicos, para que no dependieran tanto de esas exportaciones. Para ese reciclaje habría sido necesario formular y empezar a poner en práctica un modelo alternativo basado en la integración regional. Se ha perdido un período de gran homogeneidad en el Mercosur, sin que se haya avanzado en esa dirección. Cuando los precios bajaron, nuestras economías sufrieron los efectos, sin tener como defenderse, por no haber promovido el reciclaje hacia un modelo distinto.

Había también que comprender que el período histórico actual está marcado por profundos retrocesos a escala mundial, que las alternativas de izquierda están en un posición defensiva, que de lo que se trata en este momento es de salir de la hegemonía del modelo neoliberal, construir alternativas, apoyándose en las fuerzas de la integración regional, en los Brics y en los sectores que dentro de nuestros países se suman al modelo de desarrollo económico con distribución de renta, con prioridad de las políticas sociales.

En algunos países no se ha cuidado debidamente el equilibrio de las cuentas públicas, lo cual ha generado niveles de inflación que han neutralizado, en parte, los efectos de las políticas sociales, porque los efectos de la inflación recaen sobre asalariados. Los ajustes no deben ser trasformados en objetivos, pero si en instrumentos para garantizar el equilibrio de las cuentas públicas y eso es un elemento importante del éxito de las políticas económicas y sociales.

Aunque los medios de información hayan magnificado los casos de corrupción, hay que reconocer que no hubo control suficiente de parte de los gobiernos del uso de los recursos públicos. El tema del cuidado absoluto de la esfera pública debe ser sagrado para los gobiernos de izquierda, que deben ser los que descubran eventuales irregularidades y las castiguen, antes de que lo hagan los medios de información. La ética en la política tiene que ser un patrimonio permanente de la izquierda, la transparencia absoluta en el manejo de los recursos públicos tiene que ser una regla de oro de parte de los gobiernos de izquierda. El no haber actuado siempre así hace que los gobiernos paguen un precio caro, que puede ser un factor determinante para poner en riesgo la continuidad de esos gobiernos, con daños gravísimos para los derechos de la gran mayoría de la población y para el destino mismo de nuestros países.

Por último, para destacar algunos de los problemas de esos gobiernos, el rol de los partidos en su condición de partidos de gobierno nunca ha sido bien resuelto en prácticamente ninguno de esos países. Como los gobiernos tienen una dinámica propia, incluso con alianzas sociales y políticas con la centro izquierda, en varios casos, esos partidos deberían representar el proyecto histórico de la izquierda, pero no han logrado hacerlo, perdiendo relevancia frente al rol preponderante de los gobiernos. Se debilitan así la reflexión estratégica, más allá de las coyunturas políticas, la formación de cuadros, la propaganda de las ideas de la izquierda y la misma lucha ideológica.

Nada de eso autoriza a hablar de “fin de ciclo”. Las alternativas a esos gobiernos están siempre a la derecha y con proyectos de restauración conservadora, netamente de carácter neoliberal. Los gobiernos posneoliberales y las fuerzas que los han promovido son los elementos más avanzados que la izquierda latinoamericana dispone actualmente y que funcionan también como referencia para otras regiones de mundo, como España, Portugal y Grecia, entre otros.

Lo que se vive es el final del primer periodo de la construcción de modelos alternativos al neoliberalismo. Ya no se podrá contar con el dinamismo del centro del capitalismo, ni con precios altos de las commodities. Las clave del paso a un segundo período tienen que ser:

profundización y extensión del mercado interno de consumo popular; proyecto de integración regional; intensificación del intercambio con los Brics y su Banco de Desarrollo.

Además de superar los problemas apuntados anteriormente, antes que todo crear procesos democráticos de formación de la opinión pública, dar la batalla de las ideas, cuestión central en la construcción de una nueva hegemonía en nuestras sociedades y en el conjunto de la región.

Hay que construir un proyecto estratégico para la región, no solo de superación del neoliberalismo y del poder del dinero sobre los seres humanos, sino de construcción de sociedades justas, solidarias, soberanas, libres, emancipadas de todas las formas de explotación, dominación, opresión y alienación.

* Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Fuente: ALAI

Consumir política. Dilemas latinoamericanos.

Por Alfredo Serrano Mancilla y Esteban De Gori*

I

Yo consumo. El pueblo es una operación política, una invención, un conjunto de actores y ciudadanos, pero también es un universo de consumidores e individualidades que presionan sobre la política. Que están ahí, exigiendo ampliar sus posibilidades. La subjetividad posmoderna, la individuación y su vinculación con el consumo se han transformado en un problema electoral, y también político. Es un dilema para todos los gobiernos. El mercado -no solo en su dimensión compra-venta- se ha metido en la cama de la política. En los últimos años, el consumo fue incorporado como política pública: ampliar el mercado interno, el empleo, el salario, etc. Pero poco fue pensado como condición de la subjetividad posmoderna y global. Como práctica donde se realiza lo privado y una identidad vinculada a éste. El consumo es el territorio social de la diferenciación, la jerarquización y un indicador social del ascenso. El momento de lo privado que acecha a lo público. El ciudadano-consumidor es un voto en sí mismo.

II

La mayoría de los proyectos de cambio (Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador) partieron de un pacto social y económico basado en la lógica ganar-ganar. La gobernabilidad fue viable –por un tiempo- para los intereses de todos los actores. El Estado asumió un papel protagónico reapropiándose de los sectores estratégicos, redistribuyendo la riqueza a través de políticas públicas activas. Logró incluir a las mayorías sociales en clave de consumo gracias a la mejora en el empleo y salario. Mayorías y consumidores se articularon y se expresaron al mismo tiempo. Una asociación que no siempre va de la mano, sobre todo, cuando los problemas económicos aparecen y el Estado ya no aparece como “garantizador” del consumo. Ante coyunturas criticas, la figura del consumidor demanda lo mismo (a veces más) sin preocupación por el interés colectivo. Lo general es su enemigo. Emerge un consumidor liberal que no desea discutir sobre lo estatal ni sobre políticas gubernamentales. Lo que busca es seguir consumiendo.

III

La demanda interna creció y se democratizó significativamente en estos años. El mercado interno no pudo de ninguna manera ser satisfecho por el sector público. Pero la oferta privada nacional tampoco logró ser la respuesta a este nuevo fenómeno económico inclusivo. Fue imposible producir internamente al mismo ritmo que lo hacía el consumo interno. El mercado, sus intereses y actores, se expandió más allá del Estado. Se multiplicó y tomó su propio rumbo sin posibilidad real de ser gestionado ni controlado por las políticas públicas. He aquí la nueva cuestión de época.

Existe una vida social contemporánea que por momentos no es captada en su complejidad por los gobiernos. Un poder en ciernes y en transformación, cuya velocidad muchas veces no puede captarla. La gran avenida del consumo cobijó a todos aquellos que mejoraron su situación. Les tendió la mano. Con “lo social” satisfecho, el consumo se volvió la gran madre de la movilización ascendente.

Tras las bambalinas del consumo, se fragua el dilema de época para estos procesos de cambio. A medida que el Estado recuperaba -por distintas vías- las divisas, se forjaba una mayor dependencia del capital privado en el uso de las mismas para importar bienes y servicios. Cuando la divisa se hizo escasa la política se encontró con el mercado y con ese mundo privado dispuesto a todo. Mientras tanto, los consumidores fueron a elecciones y votaron.

VI

En este cambio de época se avanzó en materia de derechos sociales gracias a todo lo realizado en la esfera pública. Sin embargo, los gobiernos progresistas no pudieron limitar ni desgastar el consumismo y su lógica aspiracional. Paradójicamente, su estrategia de integración fue a través del mismo. Por tanto, se encontraron con el segundo dilema: aceptar la fuerza globalizadora de la cultura del consumo, mientras necesitaban limitar las exigencias venidas de los actores económicos-financieros globales. Este dilema se encuentra en el centro de la escena gubernamental. Es un proceso que no es considerado por los ciudadanos en su vida cotidiana. Solo es un dilema para el Gobierno; la persona consume y se encarga de su vida. Participa en la polis con su “bolsillo” pero no como un homo consumis sino con la resignificación política-social de su nueva condición de consumidor/ciudadano. Mas allá, de su inclusión a través del universo de políticas sociales, privilegia opciones políticas que busquen saciar su propia invidualidad y diferenciación. Esta defensa del “derecho individual de consumo” se enfrenta con los imaginarios de las políticas que le permitieron gozar de su condición actual. En momentos de turbulencias económicas, esta subjetividad puede ser expresada por opciones de derecha, cada vez más preocupada por la rebelión de “lo privado” y representada en una discursividad de lo cotidiano que evade e impugna los grandes relatos hiperideologizados. En el territorio de la subjetividad posmoderna ha encontrado su votante.

VII

La izquierda debe lidiar con una subjetividad que también le pertenece y necesita. Deberá “descender” al mundo del individuo y de los actores para repensar sus prácticas en contextos de intensa globalización. Tendrá que pensar en el votante y en sus capacidades -siempre mínimas- de erosionar o reconducir esta subjetividad que puede poner en riesgos proyectos democratizadores, inclusivos y bienestaristas. La opción de votar por órdenes decididamente desiguales es una posibilidad que brinda el mundo contemporáneo y la lógica cultural del consumo. La izquierda no puede darle la espalda. Le tocará afrontar esta contradicción propia del proceso de cambio. La clave está en hacerlo creativamente.

*Alfredo Serrano Mancilla y Esteban De Gori integran el  CELAG.

Fuente: Alai-Amlatina

Bolivia: De la derrota táctica a la victoria estratégica.

Por Katu Arkonada*

135.154 votos, esa es la diferencia entre los votos a favor del No y del Sí en el referéndum por la repostulación del Presidente Evo Morales.

Pero más allá de la imagen que quieren presentar algunos “analistas” de un país dividido, lo único que demuestra esa escasa diferencia es una campaña electoral de alta intensidad en la que los votos del No carecen de paternidad política, no hay ningún líder o partido político que pueda atribuírselos, mientras que los votos del Sí se pueden contar como un apoyo irrestricto al gobierno de cambio que encabeza Evo.

Una vez conocidos los resultados finales y sobre todo debido al estrecho margen entre una y otra opción, es necesario reflexionar con detenimiento sobre los resultados y la campaña electoral, donde encontramos algunos méritos de la derecha y el imperialismo, y algunos errores del oficialismo, que serán clave analizar para encarar la Bolivia 2016-2019. Es en los próximos 3 años donde la derrota táctica sufrida en este referéndum puede servir como impulso para lograr una victoria estratégica en 2019.

Factores de la derrota táctica

Podemos sintetizar en 5 los factores que han motivado la victoria del No en el referéndum:

  1. a) Las clases medias. Esta batalla era difícil de ganar, nunca se pudo revertir la idea instalada en las clases medias que identifica democracia con alternancia. La hegemonía del neoliberalismo en el ámbito cultural impide darse cuenta que la verdadera democracia es que el pueblo pueda escoger su modelo económico y político, así como los líderes para llevar adelante las transformaciones que implican estos modelos.
  2. b) Juventud. Otro de los nuevos actores del panorama electoral a los que el proceso de cambio no interpela como a otros pues no ha conocido el neoliberalismo ni la desaparición del Estado. Actor, la juventud, que adopta posiciones tremendamente individualistas (no hay más que recordar el hashtag #RespetenMiVoto) pero que no se puede obviar, pues ya ha quedado demostrado que las redes van a ser uno de los campos de batalla de cara a 2019. Asimismo, desde estos sectores ha emergido un preocupante racismo, fruto de un colonialismo interno, soterrado en los últimos años pero que no había desaparecido, que debe ser combatido de manera inteligente.
  3. c) Guerra sucia. La combinación de sicariato mediático con el intento de construir una “revolución de colores con características bolivianas”, todo ello con el apoyo de operadores de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia, cuando no del mismo Encargado de Negocios Peter Brennan, es un factor que ha incidido en la campaña electoral. No hay que exagerar su rol en la campaña, pero sería un error aún mayor subestimarlo.
  4. d) Errores propios. La guerra sucia logró imponer una agenda mediática (Fondioc, Zapata, El Alto) a la que no se supo responder oportunamente desde el oficialismo. Con una estrategia comunicacional adecuada quizás se habría conseguido arañar los votos suficientes como para darle la vuelta a los porcentajes.
  5. e) Eco regional. El reflujo del cambio de época que vive América Latina también se dejó sentir en Bolivia. El impacto de las victorias de la derecha en Argentina y Venezuela no se consiguió detener en Bolivia, agravando la crisis del ciclo nacional-popular en la región. Quienes sí lo tuvieron más claro que las clases medias fueron los trabajadores migrantes bolivianos que votaron en Argentina a favor del Sí en un porcentaje del 82%.

Horizontes para la victoria estratégica en 2019

Si 5 son las razones de la derrota del Sí en el referéndum, 5 son también los horizontes que van a permitir la victoria y continuidad del proceso de cambio en 2019:

  1. a) Sujeto del cambio social. Ha quedado demostrado quien está contra viento y marea con el proceso de cambio, quien no abandona el proyecto que cristaliza en la figura de Evo Morales ni en la peor de las circunstancias, y ese es el movimiento indígena originario campesino y sectores aledaños. A ese sujeto es a quien hay que dirigir las políticas sociales y beneficios del proceso de cambio durante los próximos 3 años, dejándose de complejos con las clases medias.
  2. b) Programa. Se hace necesario definir un horizonte programático con los sectores y organizaciones sociales. Combinar la hasta ahora más que buena gestión y la ejecución de la Agenda Patriótica 2025 con políticas hechas junto a los movimientos sociales.
  3. c) Normalidad revolucionaria. Pero dado que la gestión no es sexy, después de 10 años de proceso de cambio hay que pasar de la excepcionalidad utópica a la normalidad revolucionaria. Debemos seguir profundizando el proceso de cambio y construir las bases para avanzar en el proceso revolucionario, comenzando por la formación política de las mayorías sociales.
  4. d) Revolución ética. Y para profundizar el proceso, es necesario desterrar cualquier indicio de malas prácticas en la gestión pública, y perseguir de manera implacable cualquier atisbo de corrupción entre los servidores públicos o dirigentes políticos del proceso.
  5. e) Liderazgo. Es imprescindible cerrar filas detrás de la figura de Evo Morales, líder insustituible de la revolución democrática y cultural boliviana. En 2018, a un año de las elecciones se decidirá quienes conforman el binomio y habrá que asegurar el apoyo de todas y todos los militantes del proceso para garantizar al menos el 50% de voto duro que permita ganar las elecciones y por qué no, preparar el terreno para el regreso de Evo como Presidente en 2025.

Es claro que se han cometido errores durante la campaña, errores que han impedido ganar el referéndum, pero el voto duro que no ha variado prácticamente desde el 54% que permitió ganar las elecciones en diciembre de 2005 y tras 10 años de gestión de gobierno, debería servir de pértiga con la que superar todos los obstáculos que la derecha boliviana y el imperialismo vayan colocando al proceso de cambio durante los 3 próximos años. Algunas conquistas del proceso de cambio son ya irreversibles, no hay más que ver como la oposición racista y xenófoba que atacaba la Asamblea Constituyente golpeando y humillando a las hermanas y hermanos campesinos e indígenas, se ha convertido en la mayor defensora de una Constitución que consagra los derechos sociales, políticos y económicos de las mayorías sociales. El pueblo boliviano ha votado No a la repostulación, pero eso no implica un Sí al retorno del neoliberalismo, sobre todo después de las enseñanzas que se extraen de la experiencia argentina. Es necesario impedir que la derecha se apropie, y resignifique la idea del cambio, es necesario priorizar las políticas sociales para el sujeto del cambio, y generar políticas comunicacionales para las clases medias y la juventud. Si corregimos estos errores, el proceso de cambio se profundizará y los intentos de la derecha, a veces con la complicidad de la izquierda lightberal, se verán frustrados definiendo un horizonte que cuanto menos, se extiende hasta 2025. En definitiva, y como escribió Hugo Moldiz en Twitter el 24 de febrero, con Evo convertiremos la derrota táctica en victoria estratégica.

*Katu Arkonada tiene un diplomado en Políticas Públicas. Exasesor del Viceministerio de Planificación Estratégica, de la Unidad Jurídica Especializada en Desarrollo Constitucional y de la Cancillería de Bolivia. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

 

Fuente: Rebelión

 

La visita a Cuba del presidente Barack Obama

Editorial del diario Granma. 8 de marzo de 2016

Cuba ratifica su voluntad de avanzar en las relaciones con los Estados Unidos, sobre la base de la observancia de los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz

El presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, realizará una visita oficial a Cuba entre el 20 y el 22 de marzo próximos.

Será la segunda ocasión que un mandatario estadounidense llega a nuestro archipiélago. Antes solo lo hizo Calvin Coolidge, quien desembarcó en La Ha­bana en enero de 1928. Arribó a bordo de un buque de guerra para asistir a la VI Conferencia Panamericana, que se efectuaba por aquellos días bajo los auspicios de un personaje local de infausta memoria, Gerardo Machado. Esta será la primera vez que un Presidente de los Estados Unidos viene a una Cuba dueña de su soberanía y con una Revolución en el poder, encabezada por su liderazgo histórico.

Este hecho se inserta en el proceso iniciado el 17 de diciembre de 2014, cuando el presidente de los Consejos de Estado y de Mi­nis­tros de Cuba, General de Ejército Raúl Cas­tro Ruz y el presidente Barack Obama, anunciaron simultáneamente la decisión de restablecer las relaciones di­plomáticas, rotas por los Estados Unidos casi 54 años antes. Forma parte del complejo proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales, que apenas se inicia y que ha avanzado sobre el único terreno posible y justo: el respeto, la igualdad, la reciprocidad y el reconocimiento de la legitimidad de nuestro gobierno.

Se ha llegado a este momento como resultado de la heroica resistencia del pueblo cubano y su lealtad a los principios, la defensa de la independencia y la soberanía nacionales, en primerísimo lugar. Tales valores, no negociados en más de 50 años, condujeron al actual gobierno de los Estados Unidos a admitir los daños severos que el bloqueo ha causado a nuestra población y al reconocimiento del fracaso de la política de abierta hostilidad hacia la Revolución. Ni la fuerza, ni la coerción económica, ni el aislamiento lograron imponer a Cuba una condición contraria a sus aspiraciones forjadas en casi siglo y medio de heroicas luchas.

El actual proceso con los Estados Unidos ha sido posible también gracias a la inquebrantable solidaridad internacional, en particular, de los gobiernos y pueblos latinoamericanos y caribeños, que colocaron a los Es­ta­dos Unidos en una situación de aislamiento in­sos­tenible. “Como la plata en las raíces de Los Andes” —tal como expresara nuestro Hé­roe Nacional José Martí en su ensayo “Nues­tra América”—, América Latina y el Caribe, fuertemente unidos, reclamaron el cambio de la política hacia Cuba. Esta demanda regional se patentizó de manera inequívoca en las Cum­bres de las Américas de Puerto España, Trinidad y Tobago, en 2009, y de Car­tagena, Co­lombia, en 2012, cuando to­dos los países de la región exigieron unánime y categóricamente el levantamiento del bloqueo y la participación de nuestro país en la VII cita hemisférica de Panamá, en 2015, a la que por primera vez asistió una delegación cubana, encabezada por Raúl.

Desde los anuncios de diciembre de 2014, Cuba y los Estados Unidos han da­do pasos hacia la mejoría del contexto bilateral.

El 20 de julio de 2015, quedaron oficialmente restablecidas las relaciones diplomáticas, con el compromiso de desarrollarlas sobre la base del respeto, la cooperación y la observancia de los principios del Derecho Internacional.

Han tenido lugar dos encuentros entre los Presidentes de ambos países, además de intercambios de visitas de ministros y otros contactos de funcionarios de alto nivel. La cooperación en disímiles áreas de beneficio mutuo avanza y se abren espacios de discusión, que permiten un diálogo sobre temas de interés bilateral y multilateral, incluyendo aquellos en los que tenemos diferentes concepciones.

El mandatario estadounidense será bienvenido por el Gobierno de Cuba y su pueblo con la hospitalidad que los distingue y será tratado con toda consideración y respeto, como Jefe de Estado.

Esta será una oportunidad para que el Presidente de los Estados Unidos aprecie directamente una nación enfrascada en su desarrollo económico y social, y en el mejoramiento del bienestar de sus ciudadanos. Este pueblo disfruta derechos y puede exhibir logros que constituyen una quimera para muchos países del mundo, a pesar de las limitaciones que se derivan de su condición de país bloqueado y subdesarrollado, lo cual le ha merecido el reconocimiento y el respeto internacionales.

Personalidades de talla mundial como el Papa Francisco y el Patriarca Kirill describieron a esta isla, en su declaración conjunta emitida en La Habana en febrero, como “un símbolo de esperanza del Nuevo Mundo”. El presidente francés, François Hollande afirmó recientemente que “Cuba es respetada y escuchada en toda América Latina” y elogió su capacidad de resistencia ante las más difíciles pruebas. El líder sudafricano Nelson Man­dela tuvo siempre para Cuba palabras de profundo agradecimiento: “Noso­tros en África —dijo en Matanzas, el 26 de julio de 1991— estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nues­tra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo (como el cubano) que se haya alzado en defensa de uno de nosotros”.

Obama se encontrará con un país que contribuye activamente a la paz y la estabilidad regional y mundial, y que comparte con otros pueblos no lo que le sobra, sino los modestos recursos con que cuenta, haciendo de la solidaridad un elemento esencial de su razón de ser y del bienestar de la humanidad, como nos legara Martí, uno de los objetivos fundamentales de su política internacional.

También tendrá la ocasión de conocer a un pueblo noble, amistoso y digno, con un alto sentido del patriotismo y la unidad nacional, que siempre ha luchado por un futuro mejor a pesar de las adversidades que ha tenido que enfrentar. El presidente de los Estados Unidos será recibido por un pueblo revolucionario, con una profunda cultura política, que es resultado de una larga tradición de lucha por su verdadera y definitiva independencia, primero contra el colonialismo español y después contra la dominación imperialista de los Estados Unidos; una lucha en la que sus mejores hijos han derramado su sangre y han asumido todos los riesgos. Un pueblo que nunca claudicará en la defensa de sus principios y de la vasta obra de su Re­volución, que sigue sin vacilación el ejemplo de Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo, Julio Antonio Me­lla, Rubén Martínez Villena, An­tonio Guiteras y Ernesto Che Guevara, entre muchos otros.

Este también es un pueblo al que lo unen lazos históricos, culturales y afectivos con el estadounidense, cuya figura paradigmática, el escritor Ernest He­ming­way, recibió el Nobel de Literatura por una novela ambientada en Cuba. Un pueblo que muestra gratitud hacia aquellos hijos de los Estados Uni­dos que, como Thomas Jordan[1], Hen­ry Ree­ve, Win­chester Osgood[2] y Fre­derick Funs­ton[3], combatieron junto al Ejército Libertador en nuestras guerras por la independencia de España; y a los que en época más reciente se opusieron a las agresiones contra Cuba, desafiaron el bloqueo, como el Reverendo Lucius Walker, para traer su ayuda solidaria a nuestro pueblo, y apoyaron el regreso a la Patria del niño Elián González y de nuestros Cinco Héroes. De Martí aprendimos a admirar a la patria de Lincoln y a repudiar a Cutting[4].

Vale recordar las palabras del Líder histórico de la Revolución Cubana, el Co­mandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el 11 de septiembre de 2001, cuando afirmó: “Hoy es un día de tragedia para Estados Unidos. Ustedes saben bien que aquí jamás se ha sembrado odio contra el pueblo norteamericano. Quizás, precisamente por su cultura y por su falta de complejos, al sentirse plenamente libre, con patria y sin amo, Cuba sea el país donde se trate con más respeto a los ciudadanos norteamericanos. Nunca hemos predicado ningún género de odios nacionales, ni cosas parecidas al fanatismo, por eso somos tan fuertes, porque basamos nuestra conducta en principios y en ideas, y tratamos con gran respeto —y ellos se percatan de eso— a cada ciudadano norteamericano que visita a nuestro país”.

Este es el pueblo que recibirá al presidente Barack Obama, orgulloso de su historia, sus raíces, su cultura nacional y confiado en que un futuro mejor es posible. Una nación que asume con serenidad y determinación la eta­pa actual en las relaciones con los Estados Uni­dos, que reconoce las oportunidades y tam­bién los problemas no resueltos entre am­bos países.

La visita del Presidente de los Estados Uni­dos será un paso importante en el proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales. Hay que recordar que Obama, como lo hizo antes James Carter, se ha propuesto, desde el ejercicio de sus facultades presidenciales, trabajar para normalizar los vínculos con Cuba y, en consecuencia, ha realizado acciones concretas en esta dirección.

Sin embargo, para llegar a la normalización queda un largo y complejo camino por recorrer, que requerirá de la solución de asuntos claves que se han acumulado por más de cinco décadas y que profundizaron el carácter confrontacional de los vínculos entre los dos países. Tales problemas no se resolverán de la noche a la ma­ñana, ni con una visita presidencial.

Para normalizar las relaciones con los Estados Unidos será determinante que se levante el bloqueo económico, comercial y financiero, que provoca privaciones al pueblo cubano y es el principal obstáculo para el desarrollo de la economía de nuestro país.

Debe reconocerse la posición reiterada del presidente Barack Obama de que el bloqueo tiene que ser eliminado y sus llamados al Congreso para que lo levante. Este es también un reclamo mayoritario y creciente de la opinión pública estadounidense, y casi unánime de la comunidad internacional, que en 24 ocasiones consecutivas ha aprobado en la Asam­blea General de las Naciones Unidas la resolución cubana “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero im­puesto por los Estados Unidos de América con­tra Cuba”.

El mandatario estadounidense ha adop­tado medidas para modificar la aplicación de algunos aspectos del bloqueo, que son positivas. Altos funcionarios de su gobierno han dicho que están en estudio otras. Sin embargo, no ha sido posible implementar una bue­na parte de las medidas, por su alcance limitado, por la persistencia de otras regulaciones y por los efectos intimidatorios del bloqueo en su conjunto, que ha sido aplicado duramente por más de cincuenta años.

Resulta paradójico que, por una parte, el gobierno tome medidas y que, por otra, arrecie las sanciones contra Cuba, que afectan la vida cotidiana de nuestro pueblo.

La realidad sigue mostrando que el bloqueo se mantiene y se aplica con rigor y con un marcado alcance extraterritorial, lo cual tiene efectos disuasivos para las empresas y los bancos de los Estados Unidos y de otros países. Ejemplo de ello son las multas multimillonarias que se continúan imponiendo a compañías y entidades bancarias estadounidenses y de otras nacionalidades por relacionarse con Cuba; la denegación de servicios y el cierre de operaciones financieras de bancos internacionales con nuestro país; y la congelación de transferencias legítimas de fondos hacia y desde Cuba, incluso en monedas distintas al dólar estadounidense.

El pueblo de Cuba espera que la visita del mandatario estadounidense consolide su vo­luntad de involucrarse activamente en un de­bate a fondo con el Congreso para el levantamiento del bloqueo y que entretanto, continúe haciendo uso de sus prerrogativas ejecutivas para modificar tanto como sea posible su aplicación, sin necesidad de una acción legislativa.

Otros asuntos que son lesivos a la soberanía cubana también tendrán que ser resueltos para poder alcanzar relaciones normales en­tre los dos países. El territorio ocupado por la Base Naval de los Estados Unidos en Guan­tá­namo, en contra de la voluntad de nuestro go­bierno y pueblo, tiene que ser devuelto a Cu­ba, cumpliendo el deseo unánime de los cu­ba­nos desde hace más de cien años. De­ben ser eliminados los programas injerencistas di­rigidos a provocar situaciones de desestabilización y cambios en el or­den político, económico y social de nues­tro país. La política de “cambio de ré­gimen” tiene que ser definitivamente sepultada.

Asimismo, debe abandonarse la pretensión de fabricar una oposición política interna, sufragada con dinero de los contribuyentes estadounidenses. Tendrá que ponérsele término a las agresiones radiales y televisivas contra Cuba en franca violación del Derecho Internacional y al uso ilegítimo de las telecomunicaciones con objetivos políticos, reconociendo que el fin no es ejercer una determinada influencia sobre la sociedad cubana, sino poner las tecnologías en función del desarrollo y el conocimiento.

El trato migratorio preferencial que reciben nuestros ciudadanos, en virtud de la Ley de Ajuste Cubano y de la política de pies secos-pies mojados, causa pérdidas de vidas humanas y alienta la emigración ilegal y el tráfico de personas, además de generar problemas a terceros países. Esta situación debe ser modificada, como habría que cancelar el programa de “parole” para profesionales médicos cubanos, que priva al país de recursos humanos vitales para atender la salud de nuestro pueblo y afecta a los beneficiarios de la cooperación de Cuba con naciones que la necesitan. Asi­mismo, debe cambiarse la política que pone como condición a los atletas cubanos romper con su país para poder jugar en las Ligas de los Estados Unidos.

Estas políticas del pasado son incongruentes con la nueva etapa que el gobierno de los Estados Unidos ha iniciado con nuestro país. Todas son anteriores al presidente Obama, pero él podría modificar algunas de ellas por decisión ejecutiva y otras eliminarlas totalmente.

Cuba se ha involucrado en la construcción de una nueva relación con los Estados Unidos en pleno ejercicio de su soberanía y comprometida con sus ideales de justicia social y solidaridad. Nadie puede pretender que para ello, tengamos que renunciar a uno solo de sus principios, ceder un ápice en su defensa, ni abandonar lo proclamado en la Cons­titución: “Las relaciones económicas, di­plomáticas con cualquier otro Estado no podrán jamás ser negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera”.

No se puede albergar tampoco la me­nor du­da respecto al apego irrestricto de Cuba a sus ideales revolucionarios y an­timperialistas, y a su política exterior com­prometida con las causas justas del mundo, la defensa de la autodeterminación de los pueblos y el tradicional apoyo a nuestros países hermanos.

Como expresó la última Declaración del Gobierno Revolucionario, es y será inamovible nuestra solidaridad con la República Bo­livariana de Venezuela, el gobierno encabezado por el presidente Nicolás Maduro y el pueblo bolivariano y chavista, que lucha por seguir su propio camino y enfrenta sistemáticos intentos de desestabilización y sanciones unilaterales establecidas por la Orden Eje­cu­tiva infundada e injusta de marzo de 2015 que fue condenada por América Latina y el Caribe. La notificación emitida el pasado 3 de marzo prorrogando la llamada “Emer­gencia Na­cio­nal” y las sanciones, es una intromisión directa e inaceptable en los asuntos internos de Venezuela y en su soberanía. Aquella Orden debe ser abolida y esto será un reclamo permanente y firme de Cuba.

Como señalara el General de Ejército Raúl Castro, “no renunciaremos a nuestros ideales de independencia y justicia social, ni claudicaremos en uno solo de nuestros principios, ni cederemos un milímetro en la defensa de la soberanía nacional.  No nos dejaremos presionar en nuestros asuntos internos. Nos hemos ganado este derecho soberano con grandes sacrificios y al precio de los mayores riesgos”.

Llegamos hasta aquí, reiteramos una vez más, por la defensa de nuestras convicciones y porque nos asiste la razón y la justicia.

Cuba ratifica su voluntad de avanzar en las relaciones con los Estados Unidos, sobre la base de la observancia de los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la región, que incluyen el respeto absoluto a su independencia y soberanía, el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural sin injerencias de ninguna forma; la igualdad y la reciprocidad.

Cuba reitera a su vez, plena disposición a mantener un diálogo respetuoso con el Go­bierno de los Estados Unidos y a desarrollar relaciones de convivencia civilizada. Convivir no significa tener que renunciar a las ideas en las cuales creemos y que nos han traído hasta aquí, a nuestro socialismo, a nuestra historia, a nuestra cultura.

Las profundas diferencias de concepciones entre Cuba y los Estados Unidos sobre los modelos políticos, la democracia, el ejercicio de los derechos humanos, la justicia social, las relaciones internacionales, la paz y la estabilidad mundial, entre otros, persistirán.

Cuba defiende la indivisibilidad, interdependencia y universalidad de los derechos hu­manos civiles, políticos, económicos, so­ciales y culturales. Estamos convencidos que es obligación de los gobiernos defender y ga­rantizar el derecho a la salud, la educación, la seguridad social, el salario igual por trabajo igual, el derecho de los niños, así como el derecho a la alimentación y al desarrollo. Re­cha­za­mos la manipulación política y el doble rasero sobre los derechos humanos, que deben ce­sar. Cuba, que se ha adherido a 44 instrumentos internacionales en esta materia, mientras que los Estados Unidos solo han suscrito 18, tiene mucho que opinar, que defender y que mostrar.

De lo que se trata en nuestros vínculos con los Estados Unidos, es que ambos países respeten sus diferencias y creen una relación ba­sada en el beneficio de ambos pueblos.

Independientemente de los avances que se puedan alcanzar en los vínculos con los Es­tados Unidos, el pueblo cubano seguirá adelante. Con nuestros propios esfuerzos y probada capacidad y creatividad, continuaremos trabajando por el de­sarrollo del país y el bienestar de los cubanos. No cejaremos en la de­manda por el levantamiento del bloqueo que tan­to daño nos ha hecho y hace. Per­sis­ti­re­mos en llevar adelante el proceso de ac­tualización del modelo económico y so­cial que hemos elegido, y de construcción de un socialismo prós­pero y sostenible para consolidar los lo­gros de la Re­volución.

Un camino soberanamente escogido y que seguramente será ratificado en el VII Congreso del Partido Co­mu­nis­ta, con Fidel y Raúl en la victoria.

Esta es la Cuba que dará respetuosa bienvenida al presidente Obama.

[1] Mayor General, Jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador (1869).

[2] Comandante. Cayó en combate en el sitio a Guáimaro, el 28 de octubre de 1896.

[3] Coronel artillero, a las órdenes de Calixto García.

[4] Personaje que en 1886 atizó el odio y la agresión contra México.

Fuente: internet@granma.cu

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