NÚMERO 70

DE NUESTRA AMÉRICA

TITULARES

-EDITORIAL

-EE.UU. EMPLEARÁ 12 MEDIDAS PARA RESTABLECER RELACIONES CON CUBA.

-POR QUÉ OBAMA TENÍA LA POTESTAD PARA LIBERAR A LOS TRES ANTITERRORISTAS CUBANOS. Por José Pertierra

-CUBA-ESTADOS UNIDOS: LA GRAN SORPRESA. Por Ricardo Alarcón de Quesada

-CUBA – ESTADOS UNIDOS: FALTA LO MÁS IMPORTANTE. Por Ángel Guerra Cabrera

-LA LUCHA CONTINÚA TRAS LA VICTORIA. Por Manuel E. Yepe

-CUBA, EL TRIUNFO DE LA PERSEVERANCIA. Por Augusto Zamora R.

-ENTRE LOS CINCO Y ALAN GROSS EXISTE UN ABISMO ÉTICO Y MORAL. Por Erasmo Magoulas

-EL BLOQUEO A CUBA ES UN FRACASO MONUMENTAL. Por Robert F. Kennedy Jr.

-TRES PREGUNTAS BÁSICAS SOBRE EL RESTABLECIMIENTO DE RELACIONES ENTRE CUBA Y EE.UU. Por Jesús Arboleya

EDITORIAL

¡Volvieron!

2014 reservó para fines de diciembre la noticia más publicitada por los medios de difusión masivos en todo el año: el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, el inicio de negociaciones sobre distintos tópicos entre los dos países y la puesta en libertad de los tres luchadores antiterroristas cubanos, que cumplían injustas sentencias en ese país norteamericano.

Sin poner en la menor duda la trascendencia de este hecho, vale la pena reflexionar sobre algunos de los criterios que la dictadura mediática intenta imponer ante la opinión pública mundial.

En primer término no estamos en presencia de una decisión filantrópica del presidente estadounidense Barack Obama, como algunos órganos mediáticos quieren mostrar, y si de acuerdos tomados al más alto nivel en negociaciones que se prolongaron durante año y medio y que resultan de conveniencia para ambas partes; en segunda instancia, estamos sólo ante unos primeros pasos pues continúa el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, cuyas medidas fueron convertidas en ley y sólo pueden ser derogadas por el Congreso estadounidense. Esto hace que por el momento el presidente Obama tan sólo pueda modificar su aplicación mediante resoluciones ejecutivas.

Otro punto que repite la “gran” prensa es el referido a que Obama ha puesto fin a “más de 50 años de aislamiento de la isla” cuando en realidad Cuba nunca ha estado aislada y por el contrario han sido los EE.UU. quienes han tenido que soportar durante décadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas resoluciones de condena al bloqueo contra Cuba.

Aunque demagógicamente (no tenía otra opción justificativa ante la extrema derecha), el propio Barack Obama, en su alocución del pasado 17 de diciembre, aceptó que la aislada no era precisamente Cuba: “Y aunque esta política ha estado enraizada en las mejores intenciones, ninguna otra nación nos ha apoyado en la imposición de estas sanciones, las cuales han tenido poco impacto, como no sea el de brindarle al gobierno cubano una justificación para imponerle restricciones a su pueblo”. Más adelante expresó: “Después de todo, estos cincuenta años han demostrado que el aislamiento no ha funcionado. Es hora de que adoptemos un nuevo enfoque”.

Insiste igualmente la dictadura mediática en achacar el éxito de las negociaciones a la contribución del papa Francisco y las facilidades ofrecidas para ellas por el gobierno canadiense (fiel aliado del de Washington) y aunque esto resulta cierto y ha sido reconocido tanto por Raúl Castro como por Barack Obama, omiten totalmente que la victoria de hacer sentar a los gobernantes estadounidense con el gobierno de Cuba en una mesa de negociación se debe a la resistencia y sacrificio del pueblo cubano que durante más de 50 años ha soportado estoicamente agresiones de todo tipo, incluyendo las militares y las biológicas, no sólo económicas, que han costado la vida a miles de sus hijas e hijos.

En esta victoria del pueblo cubano, también omite la prensa capitalista la ola de solidaridad mundial que históricamente ha cubierto a Cuba a través de asociaciones, movimientos y comités que en casi todo el mundo han hecho sentir su apoyo moral y material en momentos muy difíciles para la Revolución Cubana, así como en solidaridad con la justa causa de la liberación de los cinco antiterroristas cubanos. También es este un triunfo de todos los hombres y mujeres que lucharon contra la injusticia.

También es este triunfo, en particular, de toda Latinoamérica y el Caribe. ¿Hubiese sido posible sentar a negociar a los gobernantes estadounidenses sin que hubiesen tenido lugar trascendentales transformaciones en Nuestra América?

“Durante más de medio siglo, nuestra polí¬tica hacia La Habana ha permanecido virtualmente congelada y fracasó en avanzar los objetivos de Estados Unidos en el continente”, reconoció el propio jefe de la diplomacia estadounidense, John Kerry.

La “gran” prensa omite los pronunciamientos de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el Mercosur y la Comunidad Andina (CAN), en contra del bloqueo y a favor de la autodeterminación del pueblo cubano.

La “gran” prensa omite que a la Cumbre de las Américas, celebrada en 2012 en Cartagena, Colombia, no asistió el presidente ecuatoriano Rafael Correa, al considerar inaceptable acudir a “una reunión de la cual un país americano es intencional e injustificadamente relegado” y que también los países miembros del ALBA advirtieron que esa sería la última Cumbre a la que asistirían sin la presencia de Cuba.

La “gran” prensa omite que la nueva época que vive Latinoamérica y el Caribe tuvo una madre llamada Cuba y que han sido muchos sus sufrimientos, carencias y dolores para poder dar cauce a esa unidad dentro de la diversidad que hoy disfrutamos y que ha obligado a los gobernantes estadounidenses -ante la disyuntiva de echar por tierra su política hacia el resto del Continente, al renunciar a las cumbres que ellos mismos idearon-, a dialogar con la pequeña Cuba de igual a igual y sin condicionamientos previos. El propio Barack Obama aceptó la existencia de otra realidad en el área al anunciar en su referida comparecencia el “inicio a un nuevo capítulo entre las naciones de las Américas”.

¿Será posible que el imperio estadounidense acepte como normal la doctrina de la unidad dentro de la diversidad que se ha trazado Latinoamérica y el Caribe? Lamentablemente, pensamos que no. En abril de 2013, han transcurrido menos de dos años, el propio secretario de Estado, John Kerry, reafirmó públicamente la política imperial de su país al referirse a Latinoamérica como el “patio trasero” de los EE.UU. y es que el Imperio, mientras sea Imperio, no dejará de mirar hacia el Sur como su “patio trasero”.

En el caso de Cuba, aunque hay mucho todavía por discutir, sin equívocos puede hablarse de que se abre una nueva etapa en las relaciones con su poderoso vecino. No dudamos que la extrema derecha estadounidense intentará sabotear los procesos negociadores, como tampoco dudamos que otros serán los métodos y mucho más sofisticados -algunos de ellos ya utilizados-, para intentar doblegar a la Revolución Cubana.

Por el momento, una vez más Cuba, toda Nuestra América y la solidaridad mundial han vencido: los cinco ya están en casa y el mismo gobierno norteamericano ha admitido el fracaso de su política y se ha propuesto “un nuevo enfoque”. Viejos y nuevos retos nos esperan con ese “nuevo enfoque”. Ya a lo lejos se pueden escuchar los aullidos de sirena de la sociedad de consumo.

Eddy E. Jiménez

EE.UU. EMPLEARÁ 12 MEDIDAS PARA RESTABLECER RELACIONES CON CUBA.

Obama llama a normalizar relaciones con Cuba y reconoce que fracasó el bloqueo

El presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Barack Obama, reconoció este miércoles el fracaso del bloqueo económico y comercial que por más de 55 años sostuvo su país contra Cuba y afirmó que “a partir de este momento vamos a empezar a normalizar las relaciones” con el país caribeño.

En declaraciones ofrecidas desde Washington (capital), el jefe de Estado estadounidense dijo que “en estos 50 años (de bloqueo) se ha demostrado que el aislamiento no funciona” y que “hoy comienza un nuevo capítulo en nuestra relación con Cuba”.

Las declaraciones se dan luego de que el país caribeño liberara al contratista estadounidense Alan Gross, acusado de espionaje en la nación antillana.

Sobre el hecho, Obama dijo que “Cuba ha liberado uno de los agentes de inteligencia más importantes de EE.UU.” y agregó: “hoy dia Alan volvió a su casa” a intercambio de los tres antiterroristas que fueron detenidos y encarcelados injustamente en la nación norteamericana.

“El cambio es difícil en la vida de hombres y mujeres, pero este cambio es lo correcto a hacer, hoy América decide realizar este cambio”- Barack Obama

Conversaciones inmediatas y embajadas

En el marco del restablecimiento de las relaciones, Obama dijo que dio instrucciones al secretario de Estado, John Kerry, para que “inmediatamente comience conversaciones” para la apertura de la embajada en Cuba “para avanzar intereses compartidos en asuntos de migración, guerra contra el terrorismo, salud, deportes, cultura y otros”.

También pidió que “se revise el hecho de que tenemos a Cuba como país patrocinador del terrorismo”. “Yo quiero saber si esto ha cambiado”, agregó.

“Trazando nuevo rumbo”

Sobre el bloqueo y las relaciones con Cuba, Obama dijo que “Hoy, Estados Unidos está dando pasos históricos para trazar un nuevo curso en nuestras relaciones con Cuba y para comprometernos y empoderar más al pueblo cubano”.

“Estamos separados por 90 millas de agua, pero estamos cerca a través de las relaciones entre los dos millones de cubanos y estadounidenses de origen cubano que viven en los Estados Unidos y los 11 millones de cubanos que comparte esperanzas similares para un futuro más positivo para Cuba”, agregó.

Insistió en que “es claro que el aislamiento de Estados Unidos de Cuba ha fracasado en lograr nuestro objetivo de promover el surgimiento de una Cuba democrática, próspera y estable”, y expresó además que “No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar un resultado diferente. No sirve a los intereses de Estados Unidos o al pueblo cubano tratar de llevar a Cuba al colapso”.

EE.UU. empleará 12 medidas para restablecer relaciones con Cuba

Este miércoles, el mandatario estadounidense, Barack Obama, explicó 12 medidas que impulsará su gobierno para restablecer y buscar normalizar las relaciones con Cuba, país que ha sido víctima de un injusto bloqueo económico y político por más de medio siglo.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, presentó las medidas y los primeros pasos a tomar para restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba. La Casa Blanca emitió un escrito con el mismo propósito.

teleSUR te invita a conocer las medidas que pretende impulsar el gobierno estadounidense que incluyen cambios diplomáticos en 12 temas específicos.

1. “Establecer relaciones diplomáticas con Cuba”. Se reabrirá una embajada en La Habana, capital cubana, donde se analizará el otorgamiento de visas. Con esta medida se busca “avanzar intereses compartidos en asuntos de migración, guerra contra el terrorismo, salud, deportes, cultura y otros”.

2. “Ajustar regulaciones para darle poder efectivo a la población Cubana”. Esta medida tiene la intención de ayudar a los cubanos mediante cambios en las políticas referentes a las remesas y la migración.

3. Políticas migratorias y visas. Con esta medida se establecerán 12 tipos de licencias para viajar a Cuba: 1) visitas familiares; 2) viajes oficiales de Estado tanto de Estados Unidos como de otras naciones; 3) actividades periodísticas; 4) investigación profesional; 5) actividades educativas; 6) actividades religiosas; 7) presentaciones públicas, talleres y competencias deportivas; 8) apoyo a la población Cubana; 9) proyectos humanitarios; 10) actividades de fundaciones privadas o de instituciones educativas de investigación; 11) importación; 12) ciertas transacciones de exportación que sean autorizadas bajo las regulaciones existentes.

4. “Facilitar las remesas provenientes de Estados Unidos hacia Cuba.” Las personas que envíen remesas hacia Cuba ya no deberán tener licencias específicas.

5. “Autorizar y expandir las ventas a través de exportaciones de ciertos bienes y servicios desde Estados Unidos.” Según el comunicado, con esto se busca apoyar al sector privado cubano, que empieza a surgir. Algunos de los artículos que se prevén autorizar son materiales de construcción y equipos e instrumental para el sector agrícola.

6. “Autorizar a los ciudadanos estadounidenses a importar bienes desde Cuba.” Esta medida permitirá que ciudadanos de Estados Unidos que viajen a Cuba puedan importar productos de la isla por hasta 400 dólares.

7. “Facilitar las transacciones autorizadas entre Estados Unidos y Cuba”. Con ello será posible que instituciones estadounidenses abran cuentas bancarias en instituciones financieras cubanas y de esta manera facilitar las transacciones entre ambas naciones.

8. “Impulsar el incremento al acceso de la población cubana a las comunicaciones”. Propone permitir las inversiones privadas y del Gobierno de Estados Unidos para modernizar y expandir las telecomunicaciones en Cuba.

9. “Actualizar la aplicación de sanciones relacionadas a Cuba en países tercermundistas”. Esto permitirá a organismos y empresas pertenecientes o reguladas por Estados Unidos en países “tercermundistas” tener cualquier tipo de transacciones financieras con Cuba o con entidades cubanas en países “del tercer mundo.”

10. Ayudar a establecer los límites marítimos entre Cuba y México en el Golfo mexicano.

11. “Revisar el estatus que designa a Cuba como un Estado que apoya al terrorismo”. El propósito es analizar la medida adoptada por Estados Unidos en 1982 de incluir a la isla en su lista de países que ayudan al terrorismo.

12. “Reconocer y direccionar la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas 2015.” El presidente de Cuba, Raúl Castro, participará en la próxima cumbre, que se desarrollará en Panamá. El mandatario estadounidense, Barack Obama, también asistirá sin objetar la presencia de Cuba. Esta será la primera vez en más de medio siglo que un líder estadounidense y un líder cubano se sienten en la misma mesa.

Fuente: Telesur

POR QUÉ OBAMA TENÍA LA POTESTAD PARA LIBERAR A LOS TRES ANTITERRORISTAS CUBANOS

Por José Pertierra

Esta ponencia de José Pertierra titulada originalmente “La autoridad constitucional de ‘Clemencia Presidencial’: factibilidad para los casos de Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández.” fue presentada en la XIII Edición de la Serie de Conversaciones “Cuba en la Política Exterior de los Estados Unidos de América”. que tuvo lugar en Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) el 15 de diciembre de 2014, dos días antes que el Presidente Obama tomara la decisión de liberar a nuestros tres Héroes. La misma contiene interesantes antecedentes y fundamentaciones jurídicas respecto a esta decisión. (Nota del editor de Cubarte).

La Constitución de los Estados Unidos ofrece al Presidente potestad jurídica independiente para decidir asuntos de relaciones exteriores del país. Es decir, sin tener que depender del Congreso. Incluso la Corte Suprema de los Estados Unidos ha dictaminado que el ámbito de las relaciones exteriores del país le incumbe al Presidente Navy v. Egan, 484 US 518, (1988). El caso más celebre que establece precedente es United States v. Curtiss-Wright Export Corp., 299 U.S. 304 (1936), decidido por la Corte Suprema en 1936, que le otorga al Presidente poderes plenos sobre relaciones exteriores, sin depender necesariamente de que el Congreso se los haya delegado.

Esta autorización presidencial también rige en ciertos asuntos domésticos. Lo hemos visto más claramente en el área de inmigración en las últimas semanas.

Para escudarse de la presión política y eludir lo que deberían hacer en ese momento, los presidentes de los Estados Unidos (o sus voceros oficiales) históricamente han dicho que tienen las manos atadas. Sea por el Congreso o por los tribunales. Por ejemplo, que no pueden cerrar la prisión en Guantánamo sin que el Congreso apruebe cierta legislación, o que no pueden levantar el bloqueo porque la Ley Helms-Burton lo codificó.

Pero la Constitución de los Estados Unidos les da potestad jurídica y política a los Presidentes para hacer un sinfín de cosas. Las últimas semanas ofrecen evidencias de la potestad presidencial para darle de lado al Congreso y autorizar que 5 millones de indocumentados logren una protección legal, un permiso de trabajo y además que puedan solicitar anuencias para entrar y salir de los Estados Unidos. El Presidente Obama afirmó en varias ocasiones, durante los seis años que lleva como Presidente, que no podía amparar a los indocumentados, porque solamente el Congreso tenía esa potestad jurídica. No lo podía hacer hasta que lo hizo.

Pasa lo mismo con el bloqueo. Obama no puede levantarlo (dice que porque Helms Burton no se lo permite), hasta que lo haga. O con los Cinco. No puede liberar a los tres que aún quedan retenidos en Estados Unidos (porque fueron condenados por un tribunal), hasta que lo haga.

El ejemplo migratorio

Quisiera detenerme brevemente en la fundamentación legal que la propia Casa Blanca ha esgrimido en varias coyunturas políticas, para argumentar la potestad de Presidente en momentos en que ha actuado con discreción presidencial frente al tema migratorio. Es como un mapa de lo que puede hacer sobre las relaciones Cuba-EE.UU. y sobre la liberación de los tres compañeros que siguen presos allá.

En un memo publicado el 19 de noviembre de 2014, día en que el Presidente firmó su directriz sobre la Acción Diferida para más de 5 millones de indocumentados, la Casa Blanca dijo que la Constitución le confiere al Presidente la discreción para implementar las leyes de inmigración.

La Casa Blanca reconoció entonces que el Congreso escribió la legislación que rige el campo inmigratorio. Es el Congreso, quien definió quién califica para la residencia, y quién es deportable del país. Sin embargo, el que está encargado de aplicar estas leyes es el Ejecutivo a través del Departamento de Seguridad Interna o a través del Departamento de Justicia.

La Casa Blanca se aferra a ese hecho, de tal modo que en ese memo de noviembre escribe: “Generalmente, cuando el Congreso le da potestad a una agencia del Ejecutivo para aplicar las leyes, esa agencia (o ministerio) tiene la discreción para decidir si alguna violación de la ley merece ser procesada o si la agencia debiese tomar alguna acción policial”. La Casa Blanca más adelante asegura: “Esta discreción está fundada en el deber constitucional del Presidente para encargarse de que las leyes sean fielmente cumplidas” (U.S. Const. art. II, § 3).

Esto, dice el memo de la Casa Blanca, “refleja un reconocimiento de que la ‘fiel’ aplicación de la ley no necesariamente requiere una acción contra cada violación técnica de la ley” Heckler v. Chaney, 470 U.S. 821, 831 (1985). La Casa Blanca entonces hace referencia a la Corte Suprema, y recuerda que fue esta la que dictaminó que la decisión de aplicar ciertas leyes es algo discrecional y requiere que el Ejecutivo balancee ciertos factores, incluyendo las prioridades gubernamentales.

La discreción ejecutiva, por supuesto, tiene límites. En el caso de inmigración, el Presidente no puede decretar una amnistía general a los 11 millones de indocumentados. Tiene que hacer, tal y como hizo, un argumento razonable de por qué ciertos grupos de indocumentados estarán protegidos. Por ejemplo, los padres de niños ciudadanos o residentes —siempre y cuando estos padres no tengan antecedentes penales serios y pueden probar que llevan más de cinco años viviendo en los Estados Unidos. El Presidente tiene que balancear su poder contra el poder del Congreso y el poder de los tribunales.

Incluso la Corte Suprema de los Estados Unidos ha señalado cuatro puntos cardinales sobre la discreción del Ejecutivo para aplicar las leyes penales del país Heckler v. Chaney, 470 U.S. 821 (1985). Estos puntos son:

(1) El primero es que la decisión debe caer dentro del marco de la experticia de la agencia que aplicaría la ley, para poder decidir si los recursos debiesen ser utilizados para sancionar a algunos y quizás a otros no. También el Ejecutivo tiene la discreción para encajar sus decisiones en el contexto de las prioridades de “policy” nacional o local.

(2) El Ejecutivo no puede utilizar su discreción para reescribir las leyes. Eso le corresponde al Legislativo —al Congreso.

(3) El Ejecutivo no puede implementar una política tan extrema que salga de los parámetros de los que el Congreso ha legislado.

(4) Este último punto que hace la Corte Suprema de los Estados Unidos sobre la discreción ejecutivo es muy interesante en términos del caso de los Cinco: “Las decisiones de no aplicar sanciones por parte del Ejecutivo no son revisables por los tribunales siempre y cuando sean decisiones casuísticas”. Es decir, por casos individuales.

Decisión política

La decisión de los Estados Unidos de acusar, encarcelar, procesar y eventualmente condenar a los Cinco fue una decisión política del Ejecutivo. Sí, es cierto. Los Cinco violaron ciertas leyes estadounidenses. Específicamente, no se inscribieron con el Departamento de Justicia, en violación del Foreign Agents Registration Act (FARA) como agentes de una potencia extranjera (Cuba).

Eso es un delito. Una felonía. Sabemos por qué no se inscribieron, pero el hecho es que no lo hicieron.

Ahora bien. El Presidente Clinton tenía la potestad, en su discreción constitucional, para no sancionarlos por eso. A su vez, utilizó su discreción para acusarlos de ser agentes de Cuba no inscritos en FARA, y también de acusarlos de unos cargos ridículos que no tenían (ni tienen) base alguna: de conspirar para cometer espionaje contra los Estados Unidos. Y en el caso de Gerardo, de haber conspirado para cometer homicidio contra los pilotos de Hermanos al Rescate, que murieron al ser derribadas sus avionetas durante una incursión hacia Cuba.

Todos aquí sabemos el resultado. Fueron condenados. Eso es un hecho. Fueron procesados injustamente y por razones políticas en una ciudad (Miami) donde hasta Santa Claus sería condenado, si antes de llegar a Miami distribuye regalitos en La Habana. Ahora, ¿qué hacer?

Este es un caso político que debiese tener una solución política. El Presidente Obama puede, con un plumazo, liberarlos. Esto, pese a que han sido condenados por un tribunal federal en Miami. Esto, pese a cualquier oposición que presenten ciertos congresistas. Esto, pese a cualquier oposición de los familiares de los que fallecieron en sus avionetas, aquel 24 de febrero de 1996.

El Artículo II, Sección 2 de la Constitución de EE.UU., le otorga al Presidente el poder sin límites para perdonar la condena o conmutarle la sentencia. La conmutación de una sentencia, también conocida como clemencia ejecutiva, es diferente a un perdón presidencial, porque no cancela la condena. Simplemente reduce el plazo de encarcelación. Consecuentemente, es más fácil políticamente para un Presidente conceder la clemencia ejecutiva que un perdón presidencial.

El Presidente puede conmutar una sentencia a tal grado que pudiese decretar que el preso ha estado encarcelado suficiente tiempo y debiese ser liberado. Puede también condicionar la clemencia a que el preso sea deportado (si éste no es ciudadano estadounidense).

Abogado de indultos

El Departamento de Justicia de los Estados Unidos tiene un despacho, llamado “La Oficina del Abogado de Indultos”, que asesora al Presidente en estos asuntos. Esa oficina realiza investigaciones sobre el preso y las circunstancias del caso. Los abogados de la Oficina de Indultos conversan con los presos que están considerando indultar o cuyas sentencias podrían ser conmutadas efectivamente. Hablan también con los familiares de los presos y con los amigos.

El abogado principal, encargado de la Oficina de Indultos, se llama Ronald L. Rodgers. Lo nombró Bush hijo para ese cargo en el año 2008 y Obama lo mantiene en esa posición. Anteriormente, fue juez de los tribunales militares. Bajo su cargo, las recomendaciones que hace ese despacho al Presidente sobre los indultos y las clemencias, han caído precipitadamente en comparación con administraciones precedentes. De acuerdo a estadísticas publicadas por la propia Casa Blanca, durante los seis años de su presidencia Barack Obama ha concedido solamente 52 indultos y 10 conmutaciones de sentencia.

Rodgers ha sido muy criticado durante los últimos años, y muchos han pedido que renuncie. La Oficina del Inspector General de los Estados Unidos, en el año 2012, emitió un informe sobre la conducta de Rodgers durante la revisión de la petición de un indulto para un preso llamado Clarence Aaron. En ese informe, el Inspector General del Departamento de Justicia dijo:

“La conducta del abogado de indultos, Ronald L. Rodgers, estuvo substancialmente por debajo de los altos estándares que se esperan de los empleados del Departamento de Justicia y de las cuentas que tiene que rendirle al Presidente de los Estados Unidos”.

En otras palabras, esta Oficina puede también empujar hacia una solución al caso de los Cinco. Puede, pero aún cuando no haga su trabajo, no importa. A pesar del papel que juega el abogado de la Oficina de Indultos, el Presidente no depende de las recomendaciones de ese abogado. El Presidente puede tomar decisiones sobre perdones y clemencias, sin tener que contar con el Departamento de Justicia en lo absoluto.

Nueva iniciativa

El Departamento de Justicia anunció en abril de este año una nueva iniciativa —a petición del Presidente Obama- para indultar a los presos que han cumplido 10 años de su sentencia, que no tienen un historial delictivo, que se caracterizan por buena conducta en la prisión, que sus sentencias fueron impuestas bajo leyes anteriores más severas que las presentes y que no han tenido un historial de violencia. Esta iniciativa comenzó en abril de 2014.

Los expertos piensan que Obama estará mucho más activo en relación a indultos y clemencia, porque se hará nota más como Presidente durante los últimos dos años de su mandato… Quizás.

El trabajo más importante sobre la clemencia ejecutiva es el estudio realizado por W. H. Humbert en el año 1941: The Pardoning Power of the Presidency (Ver http://www.amazon.com/pardoning-president-Willard-Harrison-Humbert/dp/B0007EBMJM). Humbert identifica varias razones argumentadas históricamente por los Presidentes para justificar los perdones y las clemencias. La posible inocencia del preso o las sentencias desproporcionadas que ellos hayan recibido. También, irregularidades que ocurrieron durante el juicio y razones humanitarias. Todas ellas impactan en el caso de los Cinco.

El Presidente Wilson, por ejemplo, conmutó las sentencias de 52 personas que fueron condenadas por haber violado, supuestamente, el Acta de Espionaje durante la Primera Guerra Mundial. Socialistas, sindicalistas del IWW, y pacifistas religiosos. La mejor explicación de por qué Wilson conmutó esas sentencias la dio un oficial del Departamento de Justicia al New York Times, el 6 de marzo de 1919:

“Los presos eran víctimas de las pasiones y los prejuicios que regían durante la guerra y recibieron largas sentencias, desproporcionadas a los delitos supuestamente cometidos”.

Muchas veces la importancia de ciertos intereses vinculados a las relaciones exteriores del país determinan el uso del poder presidencial de la clemencia ejecutiva. Por ejemplo, en septiembre de 1979, unilateralmente, Estados Unidos liberó a cuatro nacionalista puertorriqueños. Diez días después Cuba realizó un gesto similar para liberar a unos contratistas de la CIA que estaban presos aquí, incluyendo dos ciudadanos estadounidenses.

El Encargado de Seguridad Nacional para el Presidente Carter, Zbigniew Brzenzinski, le dijo al Presidente en un memo fechado 1979 que mantener a los puertorriqueños presos le da más combustible a los críticos de la política de los Estados Unidos, y Brzenzinski opinó que conmutarle las sentencias sería algo bienvenido e interpretado como un gesto humanitario y de compasión. Le quitaría de la agenda en Naciones Unidos y de otros foros internacionales el caso de los boricuas, que cada año era utilizado por los enemigos de EE.UU. para criticar la política estadounidense y el doble estándar en relación con los derechos humanos. (Ver carta de Zbigniew Brzezinski a John R. Standish, Pardon Attorney, for the Department of Justice. Páginas 267 y 268 del Volumen 2 deFuturos Alternos (Documentos Secretos). Editado por Jaime Rodríguez Cancel y Juan Manuel García Passalacqua, EMS , 2007. También, en http://jurist.law.pitt.edu/pardonspres1.htm).

Estamos claros que los perdones y las clemencias no son fáciles, especialmente para los casos políticos. Sin embargo, también estamos claros que cualquier cambio en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos tiene que pasar por el caso de los Cinco. Obama ha dado varias señales de búsqueda de mejores relaciones con Cuba. La Cumbre en Panamá se acerca. Cuba estará ahí. Parece que EE.UU. no se la pierde. Alan Gross lleva cinco años preso en Cuba, y Obama tiene una gran responsabilidad en este caso.

La última vez que Alan Gross vino a Cuba como contratista de la USAID con un proyecto clandestino de cambio de régimen fue en noviembre de 2009, bajo el mandato presidencial de Barack Obama. Cayó preso en diciembre del mismo año. Obama debiese leer el libro de Peter Kornbluh y Bill LeoGrande, Back Channel to Cuba, en el cual citan al Presidente Kennedy hablando de la necesidad que tienen para liberar a los brigadistas de la 2506, presos en Cuba, después de su humillante derrota en Playa Girón.

“Ellos confiaron en mi y están presos ahora porque yo ‘fucked up’ (“la cagué”), le dijo Kennedy a uno de sus asesores. Y añadió: “Tengo que sacarlos”. Obama también “fucked up” cuando su USAID mandó a Alan Gross a Cuba. Por eso, Obama tiene la obligación de sacar a Alan Gross de la prisión en Cuba, y sabe que las llaves de la cárcel en la que está Alan Gross están en sus manos.

Con un gesto de indultarlos o conmutarles las sentencias a Gerardo, Ramón y Tony, para que regresen a Cuba, se abren las puertas para que Alan Gross regrese a los Estados Unidos. Lo que dice la Ley y los antecedentes históricos es que algo así es posible. O dicho más claramente: Obama, sí se puede.

Fuente: José Miguel On Line

CUBA-ESTADOS UNIDOS: LA GRAN SORPRESA.

Por Ricardo Alarcón de Quesada

Los anuncios simultáneos en La Habana y Washington el pasado 17 de diciembre cierran un capítulo de la Historia que había durado más de medio siglo. Esa mañana habían vuelto a casa, finalmente liberados, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar y Antonio Guerrero Rodríguez, encarcelados dieciséis años atrás por luchar contra el terrorismo anticubano y había regresado también a su país el norteamericano Alan Gross detenido en Cuba por su participación en proyectos subversivos organizados por Estados Unidos.

Concluía así la larga y complicada batalla para liberar a los Cinco antiterroristas – René González Sehwerert y Fernando González Llort habían salido antes de la prisión tras cumplir sus injustas condenas – qUE sacrificaron su juventud y dieron siempre admirable prueba de heroica resistencia. Gobiernos, Parlamentos, organizaciones sociales y políticas,. Instituciones religiosas y personalidades de todo el mundo habían reclamado con insistencia su libertad.

Sobraban razones para excarcelarlos. Contra ellos se había realizado en Miami un proceso plagado de arbitrariedades anulado por decisión unánime de los tres jueces de la Corte de Apelaciones de Atlanta en 2005 que lo definieron como “una tormenta perfecta” de prejuicios y hostilidad.

Se les habían formulado, además de otras violaciones de menor cuantía, dos cargos importantes: “conspiración para cometer espionaje” a Gerardo, Ramón y Antonio, y “conspiración para cometer asesinato” sólo a Gerardo. Respecto al primer cargo la misma Corte, en decisión también unánime, reconoció que en este caso no había existido nada relacionado con espionaje, los acusados no habían hecho nada, ni lo habían intentado ni se les había orientado que realizaran algo relacionado con el espionaje, nunca buscaron informaciones secretas o vinculadas a la seguridad nacional de Estados Unidos. A este respecto la Fiscalía no presentó prueba alguna. Por eso la Corte de Atlanta revocó las inauditas sentencias a prisión perpetua impuestas por el tribunal de Miami a Ramón y Antonio.

En cuanto al cargo más grave, presentado contra Gerardo, la misma Fiscalía admitió antes de terminar el juicio en Miami que carecía de pruebas y solicitó retirarlo a última hora recurriendo para ello ante la instancia apelatoria. Sin embargo, bajo la presión de una campaña incesante de los medios locales pagados ilegalmente por el gobierno y de las amenazas de los grupos terroristas el tribunal de Miami declaró culpable a Gerardo de una mendaz acusación que los propios fiscales admitieron habían fracasado en demostrar en una petición para retirarlo que reconocieron “carecía de precedentes”.

Pese a ello el proceso para restablecer la justicia se prolongó hasta convertirse en uno de los más dilatados de la historia norteamericana. Desde hacía ya más de cinco años Gerardo, sentenciado a doble cadena perpetua más quince años, aguardaba una respuesta a su apelación extraordinaria o Habeas Corpus.

La monstruosa injusticia sólo podía explicarse políticamente. Era consecuencia del odio irracional que acompañó siempre al propósito imperial de destruir a la revolución y apoderarse nuevamente de Cuba. La inmensa mayoría del pueblo norteamericano nunca conoció de la brutal arbitrariedad porque el proceso sufrió la más férrea censura de los grandes medios de comunicación hasta que recientemente The New York Times le dedicó un editorial llamando a liberar a los tres que aún guardaban prisión como paso indispensable para avanzar hacia una relación más civilizada entre Cuba y Estados Unidos objetivo a favor del cual ha insistido en los últimos meses el gran diario neoyorquino. Se requería valor.

El 17 de diciembre el Presidente Barack Obama dio a conocer su decisión de dar un giro histórico que terminaría con una política iniciada por Eisenhower antes que naciera el actual mandatario y perpetuada por los inquilinos que le siguieron en la Casa Blanca, demócratas y republicanos quienes, más allá de matices y acentos diferenciales, habían dado continuidad a una línea de desconocimiento al derecho soberano de Cuba a seguir un curso independiente.

Obama decidió restablecer las relaciones diplomáticas, revisar la absurda inclusión de Cuba en la caprichosa lista del Departamento de Estado de países que apoyan el terrorismo y prometió promover la acción congresional para eliminar el bloqueo económico, financiero y comercial codificado por la Ley Helms-Burton. El Presidente anunció además un conjunto de medidas al alcance de su autoridad ejecutiva para facilitar los viajes y los intercambios entre los dos países.

Esas medidas, aplaudidas por Cuba, le granjearon a Obama el reconocimiento de la comunidad internacional. Su consecuente aplicación significaría un golpe contundente al bloqueo aún vigente y pudiera conducir, en la práctica, al desmantelamiento de algunos aspectos sustanciales de una política que ha sido condenada año tras año por la Asamblea General de la ONU y ha llevado a Washington al aislamiento universal.

El Presidente Raúl Castro, por su parte, reiteró la disposición de Cuba a discutir con estados Unidos cualquier tema sobre la base del estricto respeto a nuestra soberanía e independencia y manifestó una vez más que nuestro país seguirá desarrollando el camino socialista elegido y ratificado democráticamente por su pueblo.

El cambio en la política norteamericana hacia Cuba debería reflejarse también en una actitud diferente hacia América Latina y en particular hacia la Revolución Bolivariana que sigue siendo objeto de la hostilidad imperial. Después de todo uno de los factores que condujeron a esta importante modificación es la nueva época que vive hoy nuestro Continente. La hostilidad hacia Cuba colocó a Washington en total soledad, sin el apoyo de nadie en el Hemisferio. La nueva era que promete el Presidente estadounidense debería extenderse a todos sus vecinos. Semejante cambio sería beneficioso para el pueblo norteamericano y para la economía y el prestigio de Estados Unidos que aunque sigue siendo un país poderoso enfrenta numerosos y difíciles problemas internos y ya no es la superpotencia indiscutida que fue cuando Obama era un bebé.

Los cambios proyectados enfrentarán la oposición de quienes ya han anunciado que tratarán de bloquearlos desde el Senado y la Cámara de Representantes, ambas bajo el control del Partido Republicano a partir del próximo enero.

No contarán ahora con el respaldo de los emigrantes cubanos. La mayoría entre ellos, según todas las encuestas, quiere una relación normal con Cuba y apoya al Presidente. A diferencia de lo ocurrido hace quince años cuando un comando federal liberó al niño Elián González secuestrado allí por la mafia terrorista, esta vez no salieron a las calles de Miami turbas violentas amenazando con incendiar la ciudad, coincidiendo, por cierto, con el inicio del “juicio” contra los Cinco. Las escasas protestas de los extremistas han pasado casi inadvertidas y no son pocos los que han expresado públicamente su respaldo a Obama.

Pero será dura la batalla en Washington. Todo parece indicar que el Presidente aspira al final de su mandato a realizar algunas de sus promesas electorales y salvar su memoria en la Historia. Trata de hacerlo con la reforma migratoria y ahora con el inicio de una relación diferente con Cuba y quizás lo intente en otras áreas también importantes. Por ello merece respeto y apoyo.

Fuente: Punto Final

CUBA – ESTADOS UNIDOS: FALTA LO MÁS IMPORTANTE

Por Ángel Guerra Cabrera

La nueva etapa en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos anunciada por los presidentes Barak Obama y Raúl Castro el 17 de diciembre ha sido objeto de algunas interpretaciones ligeras y sesgadas que exageran o minimizan el alcance del acontecimiento. Lo que sigue es un intento por ponderarla así como explicar el contexto geopolítico que la ha propiciado.

En primer lugar, la liberación por Obama de los tres antiterroristas cubanos, pues los otros dos ya habían regresado a la patria después de cumplir su injusta y desproporcionada pena de cárcel, es una victoria de la solidaridad internacional, incluyendo eminentes intelectuales, artistas, juristas así como gobiernos y parlamentos, que tuvieron como eje una intensa y masiva movilización en la isla.

Al parecer la intervención del papa Francisco en la etapa final fue decisiva para destrabar el canje de prisioneros y de esa forma llevar a buen puerto el conjunto de una negociación de alrededor de año y medio en que ha sido notable la discreción de todas las partes involucradas. Esta era una cuestión clave pues de haber trascendido el diálogo desarrollado en Canadá posiblemente la extrema derecha de Estados Unidos, aliada a los impresentables legisladores de origen cubano, lo habrían hecho abortar.

La decisión de iniciar en enero los pasos que conduzcan al restablecimiento de relaciones diplomáticas a nivel de embajadas entre La Habana y Washington y otras medidas flexibilizadoras anunciadas por Obama son muestra de un cambio muy importante en el enfoque de Estados Unidos sobre la relación con Cuba, hasta ahora caracterizada por el objetivo de rendir por hambre al pueblo cubano como reza uno de los primeros documentos oficiales que dio inicio al bloqueo.

Lo que explica en primer lugar que este desenlace haya sido posible es la heroica resistencia de ese pueblo durante más de cinco décadas ante una política estadunidense de hostilidad, terrorismo y guerra económica, incluyendo la derrotada invasión de Playa Girón. Debe quedar bien claro por eso que el hecho significa una gran victoria del pueblo de Cuba y su dirección revolucionaria. Conducir y defender el proyecto socialista en las condiciones más adversas y llegar hasta este punto sin hacer ninguna concesión en los principios ha exigido mucha sabiduría política y audacia revolucionaria.

Otro dato fundamental es que el mundo ha condenado el bloqueo en la ONU durante 23 años consecutivos y su mantenimiento es una pesadilla diplomática para Estados Unidos, donde importantes sectores empresariales, políticos y religiosos así como una mayoría de ciudadanos, más amplia entre la emigración cubana, apoya una normalización de relaciones entre los dos países.

En tercer lugar, nuestra región vive un cambio de época. Existe un conjunto de gobiernos antineoliberales y todos nuestros pueblos luchan contra las políticas de libre mercado. Ello ha hecho que cambie la correlación de fuerzas a favor de las posiciones de defensa de la independencia y soberanía y rechazo a la injerencia extranjera, que han logrado la edificación de una densa arquitectura de unidad y concertación política regional expresada en el Alba, Unasur, Caricom y Celac.

Es unánime entre los gobiernos latino-caribeños la oposición al bloqueo y el reconocimiento de Cuba, electa por eso presidenta pro tempore de la Celac en el periodo 2013, como se constata en la Declaración Final de la II Cumbre del organismo celebrada en La Habana(2014). Igualmente, en la última Cumbre de las Américas celebrada en Colombia, Estados Unidos y Canadá se quedaron aislados ante el cerrado consenso latinoamericano de que no podía celebrarse otra cumbre sin la presencia de Cuba. Cuba, además, goza de un enorme reconocimiento internacional y la alianza estratégica con China y Rusia en un mundo que transita hacia la unipolaridad en medio de la crisis de hegemonía de Estados Unidos.

Obama es el primer presidente estadunidense que confiesa públicamente lo inútil y contraproducente de la política seguida por su país hacia Cuba. Pero todavía le queda por resolver lo más importante, que es el levantamiento del bloqueo, al cual puede arrancar muchos dientes si aplicara sus facultades ejecutivas pero que tendrá que ser finalmente derogado por un Congreso cada vez más conservador.

Washington debe comprender que Cuba seguirá siendo socialista y no admitirá injerencia alguna en su política nacional e internacional. Para Cuba se abre una etapa que exigirá mucho más refinamiento y complejidad en la batalla de ideas.

Fuente: La pupila insomne

LA LUCHA CONTINÚA TRAS LA VICTORIA.

Por Manuel E. Yepe

Muy temprano luego de la firma de los acuerdos entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba que significaron la liberación de prisión, tras su injusto encierro, de los últimos tres antiterroristas cubanos que permanecían en cárceles dispersas por todo el territorio de la nación norteamericana, Washington dio pruebas de que no se trató de una lección aprendida sino de una excepcional circunstancia al decretar virtuales bloqueos económicos a Venezuela y Rusia, cual si Estados Unidos tuviera facultades de tribunal internacional.

Con supina ignorancia de los valores que caracterizan al proceso revolucionario cubano llegado al poder en la isla luego de su triunfo por las armas sobre la tiranía patrocinada por Estados Unidos en 1959, ha habido políticos, politólogos y comentaristas en los medios de prensa en diversas partes del mundo especulando que los acuerdos recién anunciados entre los presidentes de Estados Unidos y Cuba, predicen el regreso de La Habana a la relación sumisa con Washington que tenía antes de la revolución.

Tamaña inopia solo puede resultar de una intoxicación provocada por los venenos sistemáticos que los medios de prensa manipulados por las agencias de inteligencia y subversión estadounidenses han llevado a cabo contra La Habana en el último medio siglo, con mayor fuerza en el período posterior a la “guerra fría”.

Si se quiere calificar los acuerdos cubano-estadounidenses anunciados el 17 de diciembre de 2014 por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama como otra cosa que no sea el triunfo de la razón sobre la barbarie, habría que decir que ha sido la resultante de la resistencia de un pueblo unido y digno basada en principios que nunca fueron ni serán abandonados.

Los cubanos se reconocen deudores de gratitud a quienes en todo el mundo contribuyeron a hacer moralmente insostenible la guerra virtual de Estados Unidos contra Cuba como castigo por el delito de ejercer la independencia nacional a que tiene derecho todo país de acuerdo a las normas internacionales y, lo peor, por ser “mal” ejemplo para los demás pueblos sometidos a la hegemonía global imperialista.

Así como los cinco cubanos liberados del injusto encierro por haber prestado un servicio extraordinario a la lucha universal antiterrorista ratificaron su disposición a continuar en la defensa de sus ideas, los cubanos todos, al recibir a sus héroes y conocer de los acuerdos oficiales, se han manifestado más comprometidos a continuar su batalla en defensa de los principios latinoamericanistas e internacionalistas de la revolución cubana.

El extraordinario acto de firmeza, sacrificio y dignidad de los Cinco no solo enorgullece a la nación, que batalló por su liberación y ahora los acoge como sus héroes, sino que confirma la certeza de la continuidad de su revolución, capaz de generar nuevos héroes que reproducen sus victorias.

El Presidente cubano Raúl Castro exaltó la trascendencia de las conversaciones al más alto nivel sostenidas en estricta discreción que contaron con la contribución del Papa Francisco y las facilidades ofrecidas por el gobierno de Canadá que las acogieron. Este resultado, enfatizó, ha sido posible gracias a los profundos cambios acaecidos en América Latina.

El líder cubano agradeció a su homólogo estadounidense las decisiones que hicieron posible materializar los acuerdos y, acerca de las recientes noticias sobre una nueva etapa que se abre en el ámbito de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, precisó que comparte la idea de que puede abrirse una nueva etapa entre los Estados Unidos y Cuba que se inicia con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. “Se ha dado un paso importante pero queda por resolver lo esencial, el cese del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba”.

Reiteró su gratitud hacia todos los movimientos y comités de solidaridad que lucharon para conseguir la libertad de los Cinco, y a los gobiernos, parlamentos, organizaciones, instituciones y personalidades que aportaron su valiosa contribución a esta lucha.

La gratitud de los cubanos es más acentuada aún para con los muchos ciudadanos estadounidenses que han practicado esta solidaridad en las más difíciles condiciones, sin olvidar a los miles de cubanos radicados en Estados Unidos que compartieron con sus compatriotas en la isla el reclamo de justicia para los cinco.

Los cubanos han dado sobradas pruebas de lealtad a los principios que generan esa solidaridad, así como de que por ningún motivo traicionarán a quienes en todo el mundo les han apoyado y les han acompañado en la ardua lucha por un mundo más justo y mejor.

Fuente: Cubainformacion TV

CUBA, EL TRIUNFO DE LA PERSEVERANCIA.

Por Augusto Zamora R.

Hace 53 años, en pleno fragor de la Guerra Fría, EEUU rompía relaciones diplomáticas con Cuba y declaraba la guerra política, económica y militar a la revolución cubana. En los meses y años siguientes, Washington pondría en marcha centenares de operaciones secretas dirigidas tanto a sabotear el proceso revolucionario, como a asesinar a Fidel Castro. Todos y cada uno de los planes estadounidenses fracasaron sin excepción. Desde el desembarco en Playa Girón (o Bahía de Cochinos), en 1961, hasta el implacable bloqueo económico, que llegaba a castigar con cárcel a quien enviara un dólar a Cuba. Diez presidentes estadounidenses pasaron por la Casa Blanca mientras en Cuba –como admite el comunicado difundido por la oficina de Obama- seguía gobernando Fidel y, luego, Raúl Castro, así como el Partido Comunista Cubano.

El mantenimiento del bloqueo y las hostilidades contra Cuba constituían las políticas más obsoletas y absurdas de las muchas que ha coleccionado EE.UU. El aislamiento continental impuesto a la isla por presiones norteamericanas desde 1961, había desaparecido a tal punto que, de todos los países americanos, sólo EE.UU. se negaba a restablecer relaciones diplomáticas con Cuba. La presión continental contra esta política fracasada no había cesado de aumentar en la última década. En 2009, la Asamblea General de la OEA votaba la readmisión de la isla. En junio de 2014, casi todos los gobiernos latinoamericanos advirtieron que no asistirían a la Cumbre de las Américas, a celebrarse en Panamá, en 2015, si se excluía a Cuba. En medio siglo, EE.UU. había pasado de aislador a aislado, viendo impotente cómo se reducía a mínimos su anterior omnipotente influencia en lo que ha gustado llamar “hemisferio occidental”.

Nada de esto resta méritos a la decisión del presidente Obama, que, de modo general, ha sido calificada de valiente. Ninguno de sus antecesores en el cargo, aunque se diera cuenta del fracaso de la política anticubana, osó mover un dedo para modificarla. El temor al -ya no tan- poderoso lobby cubano y al ciertamente poderoso bloque ultraconservador existente tanto en republicanos como en demócratas, paralizaba a todos. Era más fácil dejarse llevar por la inercia, aunque la URSS hubiera desaparecido y la Guerra Fría fuera una referencia histórica. Obama, haciendo gala de realismo político, ha decidido asumir el fracaso político de EE.UU. y dar un giro que es, ciertamente, histórico a sus relaciones con Cuba y también con Latinoamérica.

Porque Cuba fue, desde el triunfo revolucionario de 1959, el espejo en el que, de una u otra forma, se veían los pueblos latinoamericanos. Podían los gobiernos romper relaciones, pero Cuba seguía siendo una esperanza de libertad, igualdad y fraternidad que los tercos barbudos había abierto en el corazón de los pueblos oprimidos de la región. Cuba fue ejemplo, refugio, campo de entrenamiento, foco de ideas, faro de resistencia, sobre todo cuando las dictaduras ahogaban en sangre Latinoamérica.

Para entender la posición de tantos y tantos en Latinoamérica es preciso estar familiarizado con la trágica historia de intervenciones armadas y políticas, los sangrientos golpes de estado patrocinados por EE.UU., el saqueo inmisericorde de las riquezas y recursos de los países y el asesinato, cárcel, torturas y destierros de millones de latinoamericanos. Frente a las hecatombes provocadas por EE.UU., Cuba era esa luz que no se apagaba y ejemplo vivo de que resistir era posible y que valía la pena.

El proceso de normalización entre Cuba y EE.UU. se inicia, según palabras de Raúl Castro, sin que Cuba haya renunciado “a uno sólo de sus ideales”. Tal afirmación da fe de la tozudez y la entereza con que Cuba y los cubanos supieron resistir incluso los periodos más duros de su historia reciente. El llamado “periodo especial”, eufemismo acuñado para referirse al colapso económico y miseria que siguió al suicidio de la Unión Soviética, fue la prueba de fuego para los isleños. Viajé a la isla varias veces esos años y pude ser testigo del inmenso espíritu de sacrificio de la población. En otros lares, la explosión social hubiera sido inmediata. En Cuba, el patriotismo y la conciencia revolucionaria fueron los pilares que sostuvieron al quebrantado país.

El mensaje de Obama contiene una frase a destacar: “Hemos aprendido tras una dura experiencia, que es mejor fomentar y respaldar las reformas que implementar políticas que convierten a los países en Estados fallidos”. Es de suponer que Obama miraba los desastres provocados por las intervenciones militares en Afganistán, Iraq y Libia. Miraba, quizás, al fracaso total que fueron las dictaduras militares promovidas por EE.UU. Ojalá signifique la renuncia de EE.UU. a todo tipo de intervencionismo, aunque, con este país, es difícil construir futuros optimistas. Baste recordar que al gobierno de James Carter -quien devolvió a Panamá su canal y condenó las violaciones de los derechos humanos en la región-, le siguió el gobierno de Ronald Reagan, de signo absolutamente contrario. Obama puede ser relevado por Hillary Clinton, partidaria hasta ahora del bloqueo a Cuba y defensora de políticas intervencionistas.

La derecha cubana y la mundial se han quedado mudas con la decisión de Obama. Ahora que EE.UU. se ha rendido a la evidencia y realidad de Cuba ¿qué discurso les quedará? ¿Acusar a Obama de izquierdista y defensor de dictadores? ¿Denunciar que la Casa Blanca se ha pasado al enemigo y los ha dejado con los cuartos al aire? ¿O tendrán la prudencia de callarse y, como buenos discípulos, seguir los pasos del Gran Jefe y aceptar que hay algo que se llama independencia y dignidad nacional?

Con todo y ser un paso espectacular y meritorio, queda un largo camino por recorrer. El bloqueo económico es una telaraña espesa que debe deshacerse en el Congreso, donde la extrema derecha batallará ley por ley. Pero el principal paso está dado y, considerando el peso que tiene el presidente en EE.UU., es de esperar que el bloqueo sea disuelto poco a poco. Hace años, en un artículo sobre Cuba, recordaba que no era preciso ser superpotencia para resistir el asedio de un imperio. Que para ello bastan dignidad y coraje pues, como anotaba Karl Deutsch, un país pequeño con un gobierno de inusitada fortaleza y una población motivada podía mantener su independencia, aunque sólo sea por los elevados costos que su conquista puede acarrear. Cuba lo ha conseguido. Y Fidel ha vivido para verlo. Una alegría para Cuba y para Latinoamérica también.

Augusto Zamora R., profesor de Relaciones Internacionales
Fuente: Rebelión

ENTRE LOS CINCO Y ALAN GROSS EXISTE UN ABISMO ÉTICO Y MORAL.

Por Erasmo Magoulas

“Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército” José Martí

Tuve el privilegio de vivir en Cuba por tres años, desde el último del Siglo 20 hasta el segundo del 21. Antes de ese período de larga permanencia y después del mismo, visité la Isla muchas veces. En algunas oportunidades me invadió la desesperanza, el escepticismo, la tentación del análisis maniqueo, y hasta el cinismo. La arrogancia de querer entender a un pueblo heroico, a través de los lentes de la racionalidad instrumental, de la funcionalidad primermundista, o por la escasez en la Isla de los valores materiales de la sociedad de alto consumo. La política no tiene nada que ver con la religión. ¿O sí? Pero si lo tuviera diríamos que sería bueno pasar por lo que en teología se conoce como la vía negativa. Muchos santos y padres de la Iglesia han pasado por ese camino de negación, para sondear en el conocimiento de Dios. Qué es lo que no es Cu ba, la Revolución cubana, el pueblo cubano, sus líderes históricos y sus emergentes, para poder entender qué es lo que es. Tarea difícil sin duda, no sé si alguien lo ha logrado, yo desde luego no me he ni aproximado, pero nunca he dejado de intentarlo.

El pueblo cubano nunca ha sido un pueblo sumiso.

El pueblo cubano no entiende libertad, sin soberanía ni justicia social.

El pueblo cubano no ha invadido nunca otro pueblo.

El pueblo cubano no ha soportado el avasallamiento que el colonialismo y el imperialismo han querido infligir a otros pueblos.

La Revolución cubana nunca encarceló, torturó, y asesinó a líderes como Nelson Mandela, Patricio Lumumba, Thomas Sankara, y cientos más como ellos.

Cuba nunca ha introducido plagas para la eliminación de una población humana.

Cuba nunca ha creado enfermedades para exterminar a poblaciones enteras.

Cuba nunca ha bloqueado a nación alguna del orbe.

Cuba nunca ha perpetrado crímenes de Lesa Humanidad contra pueblo alguno.

Después de más de cinco décadas de bloqueo económico, financiero, político, científico y cultural contra Cuba, los Estados Unidos dicen haberse dado cuenta que eso no funcionó. Según las textuales palabras de Barak Obama “no ha cumplido con los objetivos de los intereses de Estados Unidos”. Los intereses de Estados Unidos eran aniquilar por hambre y desesperación a todo un pueblo, como lo dicen los documentos desclasificados del Pentágono y del Departamento de Estado sobre Cuba. Con el pueblo cubano, no lo lograron. En ningún momento Obama dijo que fue un error moral, una aberración ética, ni siquiera un despropósito jurídico. Mencionó como justificación a cambiar la política exterior de los Estados Unidos con Cuba, el hecho de que el uso del bloqueo para retornar a Cuba al redil de países sumisos al Imperio, simplemente no dio resul tado.

Estados Unidos, desde su misma creación, nunca se ha manejado por principios, siempre lo ha hecho por intereses, y unos intereses muy limitados y restringidos. Sin lugar a dudas no en favor de los intereses de las mayorías de negros y blancos pobres, ni de los sectores de clase media, sino por los intereses hegemónicos de la plutocracia estadounidense. Este caso puede tener algunas connotaciones singulares, pero sigue prevaleciendo el mismo interés del sector hegemónico de los Estados Unidos.

El retorno a las relaciones diplomáticas completas entre los dos países, expandiendo y cualificando con rango de embajadas, las funciones que ya tenían tanto en La Habana como en Washington, las respectivas “oficinas de intereses”, es un augurio promisorio para el levantamiento del bloqueo unilateral impuesto por los Estados Unidos contra Cuba, desde enero de 1962.

Para el pueblo cubano, sí que todo será beneficios, en el área de la alimentación, como en el de la salud, educación, cultura, ciencia, turismo; se derrumbará una barrera que limita –y esperemos que por poco tiempo- el intercambio no sólo de valores materiales, sino también de los intangibles. Los sectores medios estadounidenses, a mi criterio, serán los más beneficiados de aquel lado del Estrecho de la Florida. Con sólo pensar que podrán disfrutar sin restricciones, ni posibles multas y hasta sanciones carcelarias por parte del Gobierno de los Estados Unidos, por viajar a la Isla y disfrutar de las obras de los maestros de la pintura contemporánea cubana, o de las expresiones musicales y danzarias, o del teatro, o el cine y de todo el resto de ofertas artísticas, culturales, de vida, de naturaleza, y por su puesto el contacto con un pueblo diferente, único, como la verdadera obra de arte, porque la verdadera obra artística de Cuba y de la Revolución es su pueblo.

La noticia que trajo felicidad a todos los cubanos y a todos los que amamos a Cuba, que somos todos los hombres y mujeres de buena voluntad del planeta, no fue solamente la proclamación de una nueva relación de los Estados Unidos con Cuba, sino el retorno de los tres héroes cubanos que aún quedaban encarcelados injustamente en los Estados Unidos. La negociación de un mercenario por tres héroes, fue sin lugar a dudas altamente beneficiosa para Cuba. En la penitenciaria de 100 y Aldabó, hoy se respira aire más puro. A Obama le volvió lo que había enviado su CIA, enmascarada como USAID, la “agencia para el desarrollo internacional”, su mercenario, su “contratista”, su gringo que quería “ayudar” al pueblo cubano. Como Alan Gross son los agentes de los Estados Unidos que por dinero y solamente por dinero, hacen relevamiento de la situación social, política , cultural, económica de un país, para con esa información pergeñar estrategias de subversiones, conflictos, golpes blandos, revoluciones de colores, invasiones. Después vendrán los muchachos que el Departamento de Estado llama “algunas manzanas podridas”, como las muchachas y muchachos que torturaban en Abu Ghraib, como en Guantánamo, y como en miles de centros de tortura que los Estados Unidos tienen esparcidos por todo el planeta, administrados en forma directa o bajo regímenes del terror (los estudiantes de Ayotzinapa torturados y masacrados en Iguala, son sólo un botón de muestra) aliados a los intereses de Washington.

La llegada a suelo cubano de Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino, como la de Fernando González hace unos meses y de René González, hace un par de años, fue la culminación triunfal de 15 años de batalla del pueblo cubano, de su dirigencia, y de las organizaciones que desde dentro y fuera de Cuba, repartidas en los cinco continentes bregaron incansablemente por su liberación. Ahora sí todos son libres como sentenciara René González, de no sentirse completamente libre con sus otros tres hermanos en cárceles de los Estados Unidos. Todo el pueblo se lanzó a las calles para recibirlos.

A Gross lo esperaban su esposa, sus hijas, y un micrófono frente a muchos periodistas, para sus declaraciones a la prensa luego de su arribo a Virginia. Seguramente en pocos días, si es que no lo está haciendo ya mismo, la CIA le está pidiendo toda la información sobre esos cinco años en Cuba, no porque les interese Gross y su integridad, sino por la información que pudo brindar Gross a los organismos de seguridad cubanos. Ojalá le dejen un tiempito para que solucione su asunto de implante odontológico. Ironías de la vida, si no hubiera habido bloqueo, seguro que Cuba tendría las piezas odontológicas para los implantes que necesitaba Gross. Y esperemos que Gross tenga cobertura médico dental, sino tendrá que desembolsar el coste de la nueva dentadura del cheque de la USAID.

José Martí sentenció que un principio justo, así se lo quiera esconder e ignorar, puede más que el poder ignominioso de la fuerza bruta, y Fidel confirmó con los hechos, lo dicho por Martí.

Fuente: Alainet

EL BLOQUEO A CUBA ES UN FRACASO MONUMENTAL.

Por Robert F. Kennedy Jr.

Robert F. Kennedy, hijo de Robert F. (Bobby) Kennedy y sobrino del presidente estadounidense John F. Kennedy (1961-1963), En una columna de opinión divulgada por la Agencia IPS, este abogado de amplia trayectoria advierte: “Tenemos tanto que aprender de Cuba”.

Cuba consiguió algunos logros impresionantes. El gobierno se jacta de que su población tiene el índice de alfabetización más alto de cualquier país del hemisferio, que sus ciudadanos gozan de acceso universal a la atención sanitaria y que posee más médicos por habitante que los demás países del continente americano. Los médicos cubanos tendrían una formación médica de alta calidad.

Es claro para todos que el embargo aplicado por primera vez durante la administración de Eisenhower en octubre de 1960 castiga injustamente a los cubanos de a pie. Este impide el desarrollo económico al hacer que prácticamente todos los productos básicos y toda clase de equipos sean astronómicamente caros y difíciles de obtener.

Es más que paradójico que los mismos políticos que argumentaron que deberíamos castigar a Castro por limitar los derechos humanos y maltratar a los presos en las cárceles cubanas sostienen que el maltrato que Estados Unidos proporciona a nuestros prisioneros en las cárceles cubanas está justificado.

Imagine que un presidente estadounidense se enfrentara, como le sucedió a Castro, a más de 400 intentos de asesinato, miles de episodios de sabotaje apoyados desde el extranjero y dirigidos a la población, las fábricas y los puentes de nuestra nación, a una invasión patrocinada desde el exterior y a 50 años de guerra económica que, en los hechos, privara a nuestra ciudadanía de artículos de primera necesidad y estrangulara nuestra economía.

Los líderes cubanos apuntaron al embargo, con abundante justificación, como la razón de la privación económica en Cuba.

El embargo permite que el régimen cubano exhiba a Estados Unidos como un matón y se muestre como la personificación del coraje, de pie ante las amenazas, la intimidación y la guerra económica por la mayor superpotencia militar de la historia.

Le recuerda constantemente al orgulloso pueblo cubano que nuestra poderosa nación, que ha orquestado la invasión de su isla, saboteó sus industrias y confabuló durante décadas para asesinar a sus líderes, mantiene una agresiva campaña para llevar su economía a la ruina.

Quizás el mejor argumento a favor de levantar el embargo sea que no funciona. Nuestro embargo de más de 60 años contra Cuba es el más longevo en la historia y, sin embargo, el régimen de los Castro se mantiene en el poder.

En lugar de levantar el embargo, las diferentes administraciones estadounidenses, incluida la de Kennedy, lo han fortalecido, sin ningún resultado.

Parece una tontería que Estados Unidos mantenga una política exterior mediante la repetición de una estrategia que demostró ser un fracaso monumental durante seis décadas. La definición de la locura es la repetición de una misma acción una y otra vez a la espera de resultados diferentes. En este sentido, el embargo es una locura.

El embargo desacredita claramente la política exterior estadounidense, no solo en América Latina, sino también en Europa y otras regiones.

Durante más de 20 años, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas solicitó el levantamiento del embargo. Este año, al igual que en 2013, el pedido tuvo 188 votos a favor y dos en contra, estos últimos de Estados Unidos e Israel. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el principal órgano de derechos humanos de las Américas, también reclamó lo mismo, al igual que la Unión Africana.

Una de las razones por las que disminuye nuestro prestigio mundial y autoridad moral es que el embargo solo hace hincapié en nuestra relación distorsionada con Cuba, cargada históricamente de fuertes paradojas que hacen que el resto del mundo vea a Estados Unidos como un país hipócrita.

Más recientemente, mientras culpamos a Cuba de encarcelar y maltratar a los presos políticos, sometimos simultáneamente a prisioneros, muchos de ellos inocentes según la propia admisión del Pentágono, a la tortura, incluido el submarino, la detención ilegal y el encarcelamiento sin juicio en la prisión cubana de la bahía de Guantánamo.

Culpamos a Cuba porque no permite que sus ciudadanos viajen libremente a Estados Unidos, pero restringimos los viajes de nuestros propios ciudadanos a Cuba. En ese sentido, el embargo parece particularmente antiestadounidense. ¿Por qué mi pasaporte dice que no puedo visitar Cuba?

Si el presidente Kennedy hubiera sobrevivido para cumplir una segunda administración, el embargo se habría levantado hace medio siglo.

La Unión Soviética ya no existe desde 1991, hace más de 20 años, pero el embargo liderada por Estados Unidos continúa ahogando a la economía cubana. Si el objetivo de nuestra política exterior en Cuba es promover la libertad de sus ciudadanos sometidos, deberíamos abrirles las puertas y no cerrárselas.

Tenemos tanto que aprender de Cuba, de sus éxitos en algunos ámbitos y de sus fracasos en otros.

Mientras caminaba por las calles de La Habana, los viejos Ford T resoplaban al pasar junto a la efigie en hierro forjado del Che colgada en las alturas y el bronce de una estatua de Abraham Lincoln se erguía en un jardín de una arbolada avenida.

Sentía el peso de 60 años de la historia cubana, una historia profundamente entrelazada con la de mi propio país.

/Robert F. Kennedy Jr. es abogado del National Resources Defense Council y de Hudson Riverkeeper y presidente de Waterkeeper Alliance. También es profesor y abogado supervisor de la Clínica Procesal Ambiental de la Facultad de Derecho de la Universidad Pace y coanfitrión de Ring of Fire en Air America Radio. En el pasado se desempeñó como fiscal general adjunto de la ciudad de Nueva York.

Fuente: Global News

TRES PREGUNTAS BÁSICAS SOBRE EL RESTABLECIMIENTO DE RELACIONES ENTRE CUBA Y EE.UU.

Por Jesús Arboleya Cervera

¿Qué pasó?

No conozco un solo analista que predijera la envergadura de los acuerdos alcanzados en las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos y debemos agradecérselo a ambos gobiernos.

La discreción alcanzada es muestra del interés de los involucrados, incluyendo el Papa Francisco y el gobierno de Canadá, reflejo del deseo mundial por resolver este problema.

Las negociaciones se desarrollaron con un alto grado de profesionalidad y en un clima de igualdad soberana y respeto mutuo, como había exigido la parte cubana, cuidando que todos los detalles reflejaran esta condición.

Ambos gobiernos lograron lo que querían:

– La liberación de personas que constituían un reclamo popular y un problema para la política exterior de los dos países.

-Obama aprovechó el momento para rediseñar su política hacia Cuba, establecer un legado histórico de su administración, fortalecer su imagen doméstica y eliminar un escollo en sus relaciones internacionales, especialmente en América Latina.

-Cuba, por su parte, obtuvo una victoria política de resonancia internacional que contribuyó al estímulo de la moral interna y se liberó, al menos en parte, de trabas que pesaban de manera extraordinaria sobre sus posibilidades de desarrollo económico.

¿Por qué pasó?

El gobierno de Estados Unidos actuó por razones que trascienden el caso de Cuba y responden tanto a sus intereses nacionales, como de manera específica a los del partido demócrata de cara a las elecciones de 2016.

Aunque la versión oficial norteamericana hace énfasis en la necesidad de cambiar los métodos de su política hacia Cuba, factores objetivos demuestran que no solo la inadecuación de los métodos hizo insostenible esa política.

Durante más de medio siglo, Cuba ha demostrado su capacidad para resistir una política subversiva integral, donde solo ha faltado la invasión militar directa. Una posibilidad siempre presente en la política exterior de Estados Unidos, que por diversas razones no se atrevió a aplicar en Cuba.

Como han reconocido el propio Obama y su secretario de Estado, John Kerry, la política contra Cuba terminó por aislar a los Estados Unidos a escala internacional y particularmente en América Latina, poniendo en peligro la propia existencia del sistema panamericano, a través del cual se ha articulado la hegemonía norteamericana en la región.

Devino, además, una política impopular en los Estados Unidos, contraria a grupos económicos interesados en el mercado cubano e incluso perdió mayoría en la base social que le servía de sustento dentro de la comunidad cubanoamericana, planteando oportunidades para el partido demócrata con vista a las elecciones de 2016, de manera especial en el estado de la Florida.

¿Qué podemos esperar?

La interrogante principal es la posible reversibilidad de las medidas tomadas por el gobierno de Obama, ya sea por la actuación de la mayoría republicana en el congreso o por un cambio en el escenario político, si triunfa el candidato de ese partido en las próximas elecciones.

El presidente Obama actuó dentro de las potestades ejecutivas que le otorga la ley Helms-Burton. Aunque ciertos congresistas, especialmente la extrema derecha cubanoamericana, tratarán de poner cuantos obstáculos sean posibles a la implementación de su política, para el congreso resultará muy difícil impedir que el presidente actúe hasta donde crea conveniente dentro del marco que le permite la ley.

De hecho, los republicanos no estarán en condiciones de presentar un bloque cohesionado contra estas decisiones, dado que importantes sectores republicanos también apoyan el cambio de la política hacia Cuba. No parece entonces que el tema de Cuba será el escogido por ese partido para articular un frente contra el presidente, como ocurrirá en otros asuntos de la política doméstica y exterior del país.

Sin embargo, Obama tampoco puede avanzar más allá si no es revocada la ley Helms-Burton y aquí los sectores republicanos que se oponen a los cambios tienen la posibilidad de impedir que el tema sea incluido en la agenda del congreso. La lógica indica que los líderes republicanos en ambas cámaras actuarán de esa manera, para impedir un cisma dentro del partido y así ya lo expresaron públicamente.

De resultas, el escenario más probable de la política hacia Cuba en los próximos dos años es que transcurrirá dentro de los límites que impone la ley Helms-Burton y sus avances dependerán de la voluntad del presidente.

Aunque es cierto que esta política puede ser modificada de un plumazo por cualquiera que asuma la presidencia en 2016, no resulta nada extraño en la conducción de la política exterior norteamericana, donde el presidente generalmente disfruta de estas facultades.

El sostenimiento de lo alcanzado dependerá entonces de los avances que se logren en los próximos dos años y los intereses económicos y políticos que, como resultado de esto, se desarrollen en Estados Unidos respecto a Cuba, influyendo en la actuación de quienquiera sea el futuro presidente de esa nación.

El reto de la política cubana será facilitar estos progresos, sin menoscabo de su soberanía y sus propios intereses nacionales. Un problema serán los conflictos resultantes del mantenimiento del bloqueo en muchos aspectos, problemas pendientes entre los dos países y la insistencia de Estados Unidos en mantener una política de “promoción de la democracia”, que implica una injerencia en los asuntos internos de Cuba.

Otros temas de confrontación surgirán de manera inevitable de las diferencias resultantes de la política exterior de ambos países. Prácticamente será un hecho en casi todos los escenarios internacionales, pero de manera especial en América Latina, donde la política norteamericana continúa siendo muy agresiva contra los gobiernos y los movimientos progresistas de la región.

El significado de la “normalización” de las relaciones recientemente alcanzado, será entonces lograr establecer un clima de convivencia entre dos contrarios, que en el proceso negociador tampoco ocultaron sus diferencias.

Con todo los inconvenientes que esto implica, ha sido un paso civilizador que ojalá sirva de ejemplo al resto del mundo y logre imponerse en el futuro que nos espera.

Jesús Arboleya Cervera, doctor en ciencias históricas, autor de numesos libros sobre las relaciones entre Los EEUU y Cuba, así como la Comunidad cubano-americana.

Fuente: Progreso Semanal

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